Luz en el departamento. Nora y Armando están tomando de sendas copas.
NORA.- Los dos mienten.
ARMANDO.- Sí los dos mienten (Pausa) ¿Y ella no sospechó nada?
NORA.- Se lo dije muy disfrazado. La vi intrigada pero no sospecha nada, estoy segura.
Silencio.
ARMANDO.- ¿Dices que ya conseguiste la sustancia?
NORA.- Hidroponía.
ARMANDO.- ¿Qué?
NORA.- Una doctora homeópata amiga me la ha conseguido.
ARMANDO.- Con chochitos va a tardar mucho en morir, ¿no?
NORA.- Mi amiga la cultiva en su patio, tiene una instalación hidropónica a prueba de sospechas. Se trata del polen de una flor oriental. Mata rápido sin dejar rastro. Le dije que quería deshacerme del perro.
ARMANDO.- ¿Qué perro?
NORA.- Roberto.
Silencio.
ARMANDO.- ¿Se disuelve en el café?
NORA.- En el café y en el café con leche. No tiene pérdida (Pausa) ¿Cómo te sientes?
ARMANDO.- Me sentiría mejor si Roberto no me engañara, si fuera franco, eso me daría a mí más libertad. Es eso lo que más me duele, su hipocresía.
Silencio.
NORA.- ¿Tú crees en lo de la causa y el efecto?
ARMANDO.- Siempre he creído, ¿tú lo dudas?
NORA.- Lo dudaba, pero Elisabeth me lo ha confirmado, muerto el perro se acaba la rabia. ¿No dicen eso?
ARMANDO.- No te entiendo.
NORA.- No importa. Lo que importa ahora es que estés dispuesto.
Silencio.
ARMANDO.- Va a ser en tu casa.
NORA.- Debe ser aquí, en tu departamento.
ARMANDO.- Pero tú tienes la sustancia esa, el polen.
NORA.- Te la he traído. No tienes más que darle el café, es todo (le entrega una bolsita)
ARMANDO.- ¿Todo?
NORA.- Para el perro una cucharadita. Para Roberto cuatro, pienso yo.
ARMANDO.- Sí, cuatro o cinco estará bien.
Silencio.
ARMANDO.- Por lo menos deberías ayudarme con el cadáver, ¿Qué hago con él?
NORA.- Sulfúrico. Ya encargué tres botellones. Te los traerán uno a uno, pesan. Para evitar sospechas dije que eran para mí, para limpiar el patio.
ARMANDO.- ¿Usas sulfúrico?
NORA.- Me dijeron que usara un ácido y ése es el que tienen (Pausa) Llenas la tina y lo metes dentro, en unas horas quedará disuelto. Luego abres el desagüe.
Silencio.
ARMANDO.- No podré.
NORA.- ¿No que estabas decidido?
ARMANDO.- No podré subirlo, se ponen tiesos y él siempre toma el café aquí. Mejor en tu casa.
NORA.- No es mi casa. La casa es de Elisabeth. Allí es más arriesgado.
Silencio.
NORA.- Mira, te ayudaré. Cuando se entiese, enciendes y apagas tres veces la luz. Subo, lo abrigamos y entre los dos lo sacamos en tu coche y lo tiramos.
ARMANDO.- ¿Y el sulfúrico?
NORA.- Olvídate, es más engorroso. Mejor así.
ARMANDO.- No me parece tan sencillo pero si ya lo pensaste, adelante (Pausa) Me hubiera gustado matarlo yo mismo, estrangularlo, pero creo que es mejor el polen de tu amiga homeópata.
NORA.- Sí, es mucho mejor (Pausa) Bueno, ya me voy, no sea que Roberto me encuentre aquí y sospeche. Acuérdate de apagar y encender la luz tres veces.
Nora se pone el abrigo y empieza a subir por la escalera.
ARMANDO.- Oye, ¿y si se va la corriente?
NORA.- (desde la escalera) Con una vela. Adiós (sale)
Armando va a un cajón y saca dos velas.
ARMANDO.- (para sí) Por si una falla.
Oscuro.
Luz en el departamento. Roberto está en bata de casa, leyendo. Por la escalera baja Armando con una bandeja con dos tazas.
ARMANDO.- Se me ha antojado y he preparado dos tazas, una para ti.
ROBERTO.- ¿No es muy tarde?
ARMANDO.- Depende.
ROBERTO.- De qué depende.
ARMANDO.- No creo que para esto haya un horario ¿Te resistes?
ROBERTO.- Creo que nunca podré resistir una taza de café, aún a estas horas. Nunca me ha quitado el sueño. Además, huele tan bien.
ARMANDO.- Toma, ésta es la tuya (se la da)
ROBERTO.- Déjala sobre la mesa, Quiero terminar el artículo.
ARMANDO.- ¿Tan interesante es?
ROBERTO.- Qué prisa tienes. No me esperes. Tómatelo tú.
ARMANDO.- Yo tengo mi taza.
ROBERTO.- Sí ya lo veo, tú tienes tu taza y yo la mía.
Silencio.
ROBERTO.- Lo importante no es el artículo del periódico, te engañé. Lo que quiero es hablar muy en serio contigo. Hay algo que anda mal y estos últimos días anda peor. Bueno, no sé si mejor o peor, quizá peor para unos y mejor para otros. No lo sé (toma la taza pero la vuelve a dejar) En realidad empiezo a saberlo, pero yo mismo no puedo creerlo. Te he estado ocultando algo y no me siento a gusto, además tengo miedo, miedo de que tú hagas alguna tontería.
ARMANDO.- ¿Alguna tontería? ¿Nora te ha dicho algo?
ROBERTO.- ¿Qué puede decirme Nora si yo he conservado el secreto? Y lo seguiría haciendo si no fuera porque ha surgido algo nuevo.
ARMANDO.- El café se enfría.
ROBERTO.- A veces sabe mejor. Lo importante es lo que te iba diciendo, no el café.
ARMANDO.- Entiendo.
ROBERTO.- No puedes entender nada a no ser que Elisabeth te haya contado.
ARMANDO.- No he hablado con Elisabeth.
ROBERTO.- Entonces no sabes nada.
ARMANDO.- Sólo he hablado con Nora, bueno, nada importante.
ROBERTO.- Entonces sí sabes, si has hablado con Nora puede que sepas algo. (vuelve a tomar la taza y vuelve a dejarla)
ARMANDO.- Ya debe estar frío.
ROBERTO.- No te preocupes por el café y atiéndeme.
ARMANDO.- Si te refieres a Ricardo mejor no sigas.
ROBERTO.- Yo no perdería el tiempo hablando de esa loca amanerada. Sé que te gustaba y que quizá te siga gustando pero no es eso lo que me quita el sueño.
ARMANDO.- Es el café.
ROBERTO.- Ya te he dicho que no me lo quita
ARMANDO.- Pues tómatelo de una vez.
ROBERTO.- No puedo, no podría disfrutarlo sin antes decirte lo que debo decirte (Pausa) Te he estado engañando, Armando. Aparentando lo que no es. Se trata de Elisabeth.
ARMANDO.- Puedes tomarte el café tranquilo porque ya lo sé todo, desde el principio.
ROBERTO.- No puedes saberlo, ya te lo dije. Elisabeth y yo compartimos un secreto.
ARMANDO.- No me digas.
ROBERTO.- Sí te lo digo. Elisabeth quería probar a Nora, en cierta manera darle celos, y se le ocurrió insinuar que andaba conmigo, que nos veíamos.
ARMANDO.- Que se acostaban.
ROBERTO.- No sé si nos acostábamos o dormíamos juntos, eso no lo sé (Pausa) Me pidió que lo mantuviéramos en secreto, que yo colaborara manteniendo la sospecha, y esto es lo que hice. Hasta aquí (Pausa) Ya está, esta es la verdad, toda la verdad (toma la taza y se la acerca a la boca)
ARMANDO.- ¡Espera! (toma el brazo de Roberto y hace que el café se derrame sobre él)
ROBERTO.- (sacudiéndose) Ni creas que estaba tan frío.
ARMANDO.- Quieres decir que no te estás acostando con Elisabeth.
ROBERTO.- Quiero decir que voy a cambiarme el pijama y luego seguimos hablando, porque todavía hay más (inicia la subida por la escalera)
Suena el teléfono.
ROBERTO.- (desde la escalera) Si es Elisabeth dile que no estoy, que mañana hablaré con ella para aclararlo todo (sale)
ARMANDO.- (al teléfono) Sí, bueno.
VOZ NORA.- Estoy helándome. ¿Y las señales? Por qué te tardas tanto.
ARMANDO.- Todo ha cambiado. Hay que echar el plan para atrás. No es lo que parecía ser. Roberto ni duerme ni se acuesta con Elisabeth, es inocente. Puedes irte a tu casa, te explicaré después. Ahora debo colgar (cuelga, toma una revista y se pone a leer)
Roberto baja por la escalera.
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