ARMANDO.- Te gusta ¿verdad?
ROBERTO.- Es mi preferida.
ARMANDO.- ¿Elisabeth?
ROBERTO.- Qué quieres decir.
ARMANDO.- Ya lo dije, Elisabeth.
Roberto deja sus papeles. Armando sigue leyendo la revista.
ROBERTO.- Ella es una amiga, tuya y mía. Desde el taller me parece inteligente, pero...
ARMANDO.- Es muy inteligente. No le gusta ni la espaldilla ni la falda... ahora.
ROBERTO.- ¿Y eso qué?
Silencio.
ROBERTO.- Tendré que ir al congreso, son tres días.
ARMANDO.- Qué congreso.
ROBERTO.- ¿No te dije?
ARMANDO.- No, no me lo dijiste.
ROBERTO.-.Seguramente. (Pausa) Quisiera llevarme tu saco gris.
ARMANDO.- No quieres mejor el rojo.
ROBERTO.- ¿El rojo? No tienes ninguno rojo.
ARMANDO.- Un clavel blanco en un saco rojo. ¿Te parece?
ROBERTO.- Ya deja, ¿no? ¿Es crucigrama? ¿Me lo prestas o no?
ARMANDO.- Un clavel rojo en un saco gris (Pausa) Ya sabes que sí te lo presto.
Roberto toma los papeles. Los dos leen. La música se extingue, también la luz.
Luz en el departamento. Elisabeth y Roberto bajan por las escaleras.
ELISABETH.- Qué bueno que Armando no esté. Me daría vergüenza.
ROBERTO.- ¿Te daría vergüenza?
ELISABETH.- Sí, me daría.
Silencio.
ROBERTO.- ¿Una copa?
ELISABETH.- Sí, claro.
Roberto prepara dos copas, le da una a Elisabeth.
ROBERTO.- Salud.
ELISABETH.- Salusita.
ROBERTO.- Siéntate.
ELISABETH.- (se sienta) No sé cómo empezar, tú eres un hombre.
ROBERTO.- Ni lo digas. Eso es lo de menos. No hagas caso.
ELISABETH.- Quiero decir que eres mi hombre.
ROBERTO.- Que soy tu hombre.
ELISABETH.- De mentiras.
ROBERTO.- Soy tu hombre de mentiras (Pausa) Elisabeth tu eres una mujer inteligente, ¿podrías explicarte mejor?
ELISABETH.- Bien, te lo contaré todo.
ROBERTO.- Eso espero.
ELISABETH.- Nora y yo nos queríamos. De pronto empecé a notar algo raro en ella.
ROBERTO.- Todos tenemos nuestros momentos y preferencias... si tú supieras.
ELISABETH.- ¿Algo que tú sabes?
Silencio.
ROBERTO.- Me dijo Armando que ahora no te gustaban ni la falda...
ELISABETH.- (interrumpe) No, no es eso, eso es parte pero no lo más importante.
ROBERTO.- Ah, ¿no?
ELISABETH.- Lo importante es que para probarla le dije que habíamos dormido juntos. Perdóname, ya sé que hubiera tenido que contar contigo, pero no se me ocurrió.
Roberto prepara otras dos copas, le da una a Elisabeth.
ROBERTO.- ¿Eso es todo?
ELISABETH.- ¿Te lo tomas así, sin inmutarte? ¿Qué pensará Armando?
ROBERTO.- Se lo decimos y él entenderá.
ELISABETH.- Eso es precisamente lo que no quiero. No, por el momento.
ROBERTO.- ¿Me pides que se lo oculte?
ELISABETH.- Más, Roberto, que guardes el secreto, que colabores.
Oscuro.
Luz en la casa y en el departamento. Armando en el teléfono, marca. Nora baja por la escalera en camisón, toma la bocina.

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