domingo, 22 de marzo de 2009

SOSPECHAS 1

 

PERSONAJES

Elisabeth, treintañera

Nora, treintañera

Roberto, cuarentón

Armando, treinta.

 

 

INVIERNO

 

El escenario está dividido en dos zonas diferentes.

A la izquierda del público la casa de Elisabeth y Nora. Comprende  puerta de entrada al fondo, hall, living  y escalera de caracol al primer piso.

A la derecha, departamento duplex de Roberto y Armando. Comprende living, chimenea y escalera recta al primer piso, donde se encuentran otros cuartos y la puerta de entrada.

Muebles contemporáneos de buen gusto.

 

            El departamento oscuro. La casa está iluminada.    Nora lee una revista. Entra Elisabeth cargando             bolsas.

 

NORA.- Te ayudo.

ELISABETH.- Junto al bar, luego las subimos.

            Silencio.

NORA.- Saliste temprano. No te oí.

ELISABETH.- En realidad, no me acosté.

NORA.- ¿No?

ELISABETH.- No, no me acosté.

NORA.- No te acostaste.

ELISABETH.- Me quedé en casa de Rocío.

NORA.- ¿Dormiste con Rocío?

ELISABETH.- Dormí con Roberto.

            Silencio.

NORA.-  Pitágoras 42.

ELISABETH.- Pitágoras 44.

NORA.- Dos números de diferencia.

ELISABETH.- Dos números de diferencia.

            Silencio.

NORA.- Deberíamos cambiarnos. Hace frío aquí.

ELISABETH.- Hay que hablar con el portero. Que     ponga   la calefacción más alta.

NORA.- ¿Con quién?

ELISABETH.- El portero.

NORA.- Se apaga por las noches.

ELISABETH.- No debería ser.

            Silencio.

NORA.- ¿Por esto te quedaste con Rocío?

ELISABETH.- No (Pausa) En su departamento la     calefacción trabaja bien.

            Silencio.

NORA.- Pitágoras 42.

ELISABETH.-  44.

NORA.- Deberíamos cambiarnos. Estaríamos más      cerca.

ELISABETH.- La distancia no es el problema.

NORA.- El distanciamiento  causa  problemas.

ELISABETH.- Sí, el distanciamiento los causa.

            Silencio.

NORA.- ¿Armando?

ELISABETH.- ¿Ha llamado?

NORA.- No, Armando no ha llamado.

            Silencio.

ELISABETH.- Te traje la revista.

NORA.- ¿Vas a estar aquí... por la noche?

ELISABETH.- Parece como si te importara.

         

             Elisabeth toma una bolsa y sube. Nora se pone                  a leer.

 

            Luz en el departamento de Roberto y Armando.      Roberto baja en pijama, enciende la chimenea.       Se escucha la  puerta de entrada arriba. Armando       baja vestido de calle con un periódico que deja      sobre la mesa.

 

ROBERTO.- Saliste a comprarlo.

ARMANDO.- Como todos los días.

ROBERTO.- A veces no.

            Silencio.

ROBERTO.- Anoche te estuve esperando.

ARMANDO.- Sabías que llegaría tarde.

ROBERTO.- Contigo nunca se sabe.

            Silencio.

ROBERTO.- ¿Ganaste?

ARMANDO.- Al principio, luego perdí todo.

ROBERTO.- El frontón nos arruina.

ARMANDO.- Tu música también (saca un CD que deja       sobre el aparato de sonido)

ROBERTO.- Gracias.

            Silencio.

ARMANDO.- Han pasado tres meses.

ROBERTO.- Casi cuatro.

ARMANDO.- El tiempo no es como la distancia.

ROBERTO.- ¿Te arrepientes?

ARMANDO.- La distancia puede remediarse, el tiempo         pasa sin que se pueda recuperar.

            Silencio.

ROBERTO.- ¿No podrás dejar el frontón?

ARMANDO.- Algún día, sí, es posible (se acerca a   Roberto y lo besa)

 

            En la casa y en el departamento la luz se extingue hasta el oscuro.

.

            Luz en la casa de Nora y Elisabeth. Las bolsas        no están. Nora en el teléfono. Por la escalera baja             Elisabeth.

 

NORA.-... De acuerdo (Cuelga)

ELISABETH.- Con quién hablas.

NORA.- El carnicero.

ELISABETH.- ¿Encargaste algo?

NORA.- Lo de siempre. Me sorprende que nos guste la         misma carne... espaldilla.

ELISABETH.- Sí, es raro que nos gustara lo mismo.

            Silencio.

NORA.- ¿Volverás tarde?

ELISABETH.- La oficina se saturó de trabajo (Pausa)           ¿Tú?

NORA.- También. Recogeré la espaldilla.

           

            Elisabeth toma del sofá su chaqueta, besa a Nora y            sale. Nora se dirige al teléfono y marca. Suena el             teléfono.

 

            Luz en el departamento de Roberto y Armando.      Armando baja poniéndose  el saco y contesta.

 

ARMANDO.- ¿Sí?

NORA.- Pensé no encontrarte.

ARMANDO.- Roberto ya se fue.

NORA.- ¿A qué hora, entonces?

ARMANDO.- Podemos cenar juntos. Tengo la noche            libre. Roberto no llegará hasta tarde, irá a un    concierto.

NORA.- ¿A las nueve?

ARMANDO.- Nueve y cuarto.

NORA.- ¿Dónde?

ARMANDO.- En mi departamento.

NORA.- ¿Cuarenta y dos?

ARMANDO.- Cuarenta y cuatro.

NORA.- De acuerdo. Chao.

ARMANDO.- Chao.

           

            Ambos cuelgan. Nora sube la escalera en su casa y             lo mismo hace Armando en su departamento. La             luz se   extingue en ambas zonas hasta oscuro.

           

            Luz en el departamento de Armando y Roberto.      Por la escalera bajan Nora y Armando.

 

NORA.- Mejor no me quedo. Lo que quiero es hablar,          hablar antes que Roberto llegue.

ARMANDO.- ¿Una copa?

 

            Armando prepara dos copas, le da una a Nora.

 

ARMANDO.- Lástima, cociné una espaldilla para los             dos.

NORA.- Ya no le gusta la espaldilla.

ARMANDO.- ¿No te gusta?

NORA.- A Elisabeth. Le hace daño.

ARMANDO.- ¿Y tú?

NORA.- No te entiendo.

ARMANDO.- ¿Que si te hace daño?

NORA.- Yo no diría eso.

ARMANDO.- Entonces qué dirías.

NORA.- Que me da lo mismo, para mí espalda u otra             cosa es lo mismo.

ARMANDO.- Pero te gusta la carne.

NORA.- No me hace daño. A Elisabeth tampoco le    hacía,   es sólo desde hace unos días, desde que          salió con Roberto.

ARMANDO.- ¿Salió con Roberto?

NORA.- Bueno, durmió con él.

 

            Armando prepara otras dos copas. Le da una a       Nora.

 

ARMANDO.- (muy interesado) Cuéntame.

NORA.- Dónde estabas tú el viernes por la noche.

ARMANDO.- El viernes... fui al frontón.

NORA.- Me lo imaginaba.

ARMANDO.- Me gusta apostar. Pero voy a dejarlo,             Ricardo me lo ha pedido más de una vez. Y     tiene     razón, no hago otra cosa más que perder.

NORA.- ¿Quién es Ricardo?

ARMANDO.- ¿Dije Ricardo? No, quise decir Roberto.         Vivimos aquí, ya sabes, los dos, desde hace tres          meses. Cuestión de economía, no de gustos; a mí        me gusta el frontón y a él la música (Pausa) Pero        tú dijiste Roberto, no Ricardo, que Elisabeth             durmió con Roberto, eso es lo que dijiste.

NORA.- Sí Armando, y de eso vine a hablar. Quiero pedirte un favor. Tú sabes que no me atrevería            si no fuera por el tiempo que nos conocemos,             desde   el taller aquél de poesía.

ARMANDO.- Fue un taller hermoso. Tú y Elisabeth   eran unas mocosas. Lo digo sin ofender, claro.

NORA.- Pues esas mocosas tienen ahora problemas, serios   problemas.

ARMANDO.- ¿Y que puedo hacer  para ayudar?

NORA.- Alejar a Roberto para que no puedan seguir             acostándose.

 

            Armando queda pensativo por un rato.

 

ARMANDO.- ¿Otra copa?

NORA.- No, gracias. Me siento mareada, pero no es             por la   copa (Pausa). Sí dámela, me pongo más             sincera.

ARMANDO.- (le da la copa) Tú dijiste que habían    dormido juntos, ahora dices que  se acuestan.

NORA.- ¿No es lo mismo?  

ARMANDO.- Nora, yo podría dormir aquí contigo,   ahora, quizá por el frío, pero acostarme... no, no         creo poder hacerlo.

NORA.- Entonces, piensas que fue por el frío, que no             se... acostaron.

ARMANDO.- Roberto sería incapaz, lo conozco.

 

            Nora se sirve otra copa y se la toma de un trago.

 

NORA.- ¡Qué alivio, Armando, qué alivio! ¡No sabes            cómo te lo agradezco!

 

            Armando se sirve otra copa y queda pensativo un   momento, luego se la toma. Nora se sienta en el      sofá. Oscuro

 

            Luz en la casa de Nora y Elisabeth.  Nora baja por             la escalera, se asegura de que Elisabeth no la             sigue y se dirige al teléfono,   marca.

 

NORA.- ¿Armando?... Te llamo para decirte que       fueron las copas, por eso me convenciste, pero ahora            con calma pienso que hay más, pienso que             lo de la             carne es otro indicio y que como tú      dijiste no es lo mismo dormir en el mismo lugar que acostarse            juntos.... ¿No lo puedes creer? ¡Ay, Armando,            la vida es mucho más complicada!..

 

            Se escuchan pasos en la escalera. Elisabeth baja     terminándose de arreglar.

 

ELISABETH.- Nora, ¿estás ahí?

NORA.- (al teléfono) Tengo que dejarte. Hablamos luego     (cuelga)

ELISABETH.- ¿Otra vez con el carnicero?

NORA.- La agencia, la agencia de viajes.

ELISABETH.- ¿Vamos a alguna parte? (Pausa) Me gusta,   me gusta mucho la idea, incluso            podríamos decirles             a Roberto y a Armando           que nos acompañaran.

NORA.- A Roberto, claro.

ELISABETH.- Anda, dime, de verdad, ¿con quién     hablabas?

            Silencio.

NORA.- ¿Vas a salir?

ELISABETH.- ¿Por la noche? (Pausa) Sí, voy a salir.

NORA.- ¿Dormirás en casa de Rocío?

ELISABETH.- Depende.

NORA.- ¿De que Roberto vaya a un concierto? Le    gusta    la música.

ELISABETH.- (sorprendida) ¿Te lo ha dicho            Armando?

NORA.- Bueno, Armando y yo nos entendemos, sabes.

            Silencio.

NORA.- Después de todos esos  meses, dime Elisabeth,        ¿me dejarías?

ELISABETH.- No quería disgustarte, Nora, pero de verdad que la espaldilla me da ardor.

NORA.- Por eso lo haces, porque te da ardor.

ELISABETH.- No, por eso no voy a dejarte. Sólo     sugeriría un cambio.

NORA.- Ya sé, compraremos falda, te gustará.

ELISABETH.- No creo que funcione, Nora.

 

            Elisabeth sale, Nora va al teléfono, marca.

 

NORA.- (al teléfono) Don Inocencio, habla Nora... Pues      recuerda que le encargué espaldilla... pues no,                         que sea falda... ¿No tiene?... Pues mañana,      me la    guarda... Gracias (cuelga y vuelve a   marcar)

 

            En el departamento se hace la luz. El teléfono         suena. Armando está atizando la chimenea, va y             contesta.

 

ARMANDO.- ¿Bueno?

NORA.- (al teléfono) Armando, necesito verte, volverá         a suceder.

ARMANDO.- Qué es lo que va a suceder.

NORA.- Lo mismo, Armando, el acueste.

ARMANDO.- Explícate, dime.

NORA.- Te lo diré cuando nos veamos.

ARMANDO.- ¿Cuándo?

NORA.- Aquí, en mi casa, esta noche.

 

            Ambos cuelgan. La luz de la casa se extingue.

 

            Luz en el departamento.  Por la escalera baja         Roberto.

 

ARMANDO.- ¿Hay concierto hoy?

ROBERTO.- ¿Concierto hoy?

ARMANDO.- ¿Sorprendido?

ROBERTO.- ¿He de sorprenderme?

 

            Armando sirve dos copas y le pasa una a Roberto.

 

ARMANDO.- ¿Confías en mí?

ROBERTO.- ¿Puedo hacer otra cosa?

ARMANDO.- Otra cosa, claro.

            Silencio.

ROBERTO.- Hace sólo cuatro meses y parece que todo        esté cambiando.

ARMANDO.- Sí, todo parece cambiar.

            Silencio.

ROBERTO.- Dilo.

ARMANDO.- Qué tengo que decir.

ROBERTO.- Que estás harto, cansado, que te           gustaría...

ARMANDO.- ... que me gustaría aclarar algunas cosas,         sí, me gustaría.

            Oscuro.

 

            Luz en la casa. Tocan a la puerta. Nora abre.          Entra Armando.

 

NORA.- Pasa y sírvete algo.

ARMANDO.- (se quita el abrigo) ¿Para ti?

NORA.- Lo mismo.

 

            Armando prepara dos copas, le da una a Nora y se             sientan.

 

ARMANDO.- ¿Qué ha sucedido ahora? Estuve         pensando en lo de la carne y no creo que sea eso.       ¡Me             extraña tanto! (Pausa) Elisabeth y       Roberto nunca se cayeron bien o ¿tú crees que            sí?

NORA.- Te siento nervioso, Armando. Toma tu copa             mientras sirvo otras dos. Debemos calmarnos.             Creo que los dos estamos demasiado excitados y     así no   vamos a ninguna parte.

ARMANDO.- ¿Te das cuenta, Nora, lo que significa para     mí que Roberto me engañe con            Elisabeth?.. Le he dedicado mucho tiempo, no     sería justo (Pausa) Tú me entiendes, ¿verdad?            Son meses, Nora, meses. Cuando íbamos al         taller     ya... bueno, fue allí donde nos caímos mejor y desde entonces... ¿Sí me comprendes?

 

            Nora le da una copa a Armando y toma de la suya.

 

NORA.- Te comprendo tan bien que es como si         describieras mi historia. Amo a Elisabeth de tal            manera que sería capaz de cualquier cosa. Ya        ves que cambié a falda aún sospechando que no          es eso,             que en realidad el asunto es más serio             (Pausa) Yo también la engañé.

ARMANDO.- Tú, ¿cómo?

NORA.- Verás, me pescó cuando hablaba contigo y le           mentí, que no estaba hablando con el carnicero            sino con la agencia de viajes.

ARMANDO.- No veo que eso sea importante.

NORA.- Es que ella quiere irse con Roberto. ¿No te ha          dicho él nada?

ARMANDO.- ¡Que no me lo diga porque lo mato!

NORA.- ¿Qué dijiste?

ARMANDO.- Que no se irá de viaje, que antes lo mato.

 

            Nora sirve otras dos copas.

 

NORA.- Qué curioso.

ARMANDO.- ¿Curioso?

NORA.- Yo también he pensado en eso.

ARMANDO.- ¿Matarías a Elisabeth?

NORA.- No, a Roberto.

 

 

            Oscuro en la casa y luz en el departamento.             Roberto calentando el abrigo en la   chimenea.       Baja Armando con un servicio de café.

 

ARMANDO.- ¿No vas a tomar café?

ROBERTO.- Sí, como no. Ya sabes que yo sin café...            Voy a salir más tarde, me invitaron a una sesión.          Es en             casa del saxo, van a ensayar.

ARMANDO.- ¿Van a tocar en esa sesión? (Pausa) Se          me hace raro. Nunca te habían invitado antes, que yo recuerde.

ROBERTO.- No les gusta hacerlo en público. Me      invitan por el saxo que me agarró simpatía.

 

            Armando sirve el café.

 

ARMANDO.- Qué curioso, ¿no te parece?

ROBERTO.- Parecerme, ¿qué cosa?

ARMANDO.- La palabra, la palabra. Cambias una a             por una e y aparece sexo. ¿No es curioso?

ROBERTO.- Pues sí, debe serlo. Nunca había            reparado en ello (toma de su taza). A propósito,        dijiste que querías aclarar algo, ¿qué es?

ARMANDO.- Oh, sí. Se trata de (toma de su taza) Bueno quizá te parezca una tontería pero pensé          consultarlo contigo.

ROBERTO.- Adelante. Sabes que no me gusta que te            quedes con algo, que lo nuestro debe ser claro...         y no me refiero al café que te salió delicioso.

ARMANDO.- ¿Te sirvo más?

 

            Roberto afirma con la cabeza y Armando le sirve    más.

 

ARMANDO.- Tú conoces a Nora y a su amiga          Elisabeth.

ROBERTO.- ¿Las del taller? Pues claro que las          conozco.

ARMANDO.- Pues tienen problemas.

ROBERTO.- Quién no los tiene. Qué tipo de problemas.

 

            Roberto le toma la mano a Armando y se la besa.

 

ARMANDO.- ¿A ti qué te gusta más la espaldilla o la            falda?

ROBERTO.- Sabes que a mí la carne fushi ¿por qué lo           preguntas?

ARMANDO.- Antes Elizabeth comía espaldilla y no le           hacía daño. Ahora le da ardor ¿Tú crees? Y    tampoco soporta la falda (toma de su taza) Ese es        el problema.

ROBERTO.- ¿Cómo supiste? Hace días que no vemos          a Nora (toma de su taza) Me cae bien.

ARMANDO.- Pues verás, me llamó  y me lo contó    todo.

ROBERTO.- Ay, Armando. Cuántas veces nos hemos           repetido que no nos meteríamos en la vida de nadie. Poca experiencia, amigo (toma de su taza) Pero, ya estás en ello y te preocupa. Mira, lo   más probable es que no le sienta la carne.

ARMANDO.- Así, de repente.

ROBERTO.-  Sí, así, de repente. Cuántas cosas no    pasan   así, de repente (Pausa) ¿Y eso es lo que te     preocupa?

ARMANDO.- Eso y las consecuencias, pero ya veo que        a ti te importa poco, no te importa lo que pueda          pasar. Menores causas han tenido consecuencias       fatales, ¿no crees?

ROBERTO.- Lo creo, pero no veo la relación con la espaldilla y la falda.

ARMANDO.- Ah, tú no la ves (Pausa) ¿Porque no la           ves o porque no te interesa?

ROBERTO.- ¿Qué quieres que te diga? No es que no            me interese si se trata de algo tuyo, es que ni a la             espaldilla ni a la falda les veo problema alguno.            A mí tampoco me entusiasman. Y ahora si me permites me voy, se me hace tarde. Te prometo      que cuando regrese, si todavía estás despierto,            hablaremos del problema de la carne (se pone el      abrigo)

ARMANDO.- Antes de que salgas, dime una cosa:    ¿Alguna vez te gustó Elizabeth?

ROBERTO.- Otra vez lo mismo. Ni la espaldilla ni las             faldas. No deberías preguntarme esas cosas,   podría ofenderme. Chao.

 

            Roberto sube por la escalera.

 

ARMANDO.- ¿Esta noche?

ROBERTO.- Si estás despierto.

            Oscuro.

 

            Poco a poco se ilumina la casa. Se escucha a bajo volumen la canción "La media vuelta" de José             Alfredo Jiménez.

 

NORA.- Hoy tenemos falda.

ELISABETH.- Que yo recuerde siempre hemos tenido.

NORA.- Me refiero al carnicero.

ELISABETH.- Te esfuerzas demasiado, Nora. Ya te dije que será lo mismo. Es la carne lo que me   arde.

NORA.- ¿Estuviste en la Agencia?

ELISABETH.- Vaya, ya te enteraste.

NORA.- Pensé que viajaríamos juntas.

ELISBETH.- Pedí permiso en la oficina. No conviene             dejar la casa sola.

NORA.- No, no conviene.

 

            Nora arregla unos cojines y sube por la escalera.    Elisabeth desarregla los mismos cojines y sube el             volumen del aparato de sonido. Se escucha:            "Entonces yo daré la media vuelta y me iré con el sol, cuando muera la tarde..." Enciende un        cigarrillo y queda pensativa mirando las escaleras.             La música y la luz se van extinguiendo hasta el    silencio y el oscuro.

           

            Luz en el departamento. Armando lee una   revista, Roberto deja unos papeles que está             leyendo, se levanta, va al aparato de sonido y pone       un CD, se vuelve a sentar y sigue leyendo sus          papeles. Se escucha a bajo volumen "Feelings" de

            Morris Albert (Mauricio Alberto Kaiserman)

 

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