"El último pitillo que sus labios con anhelo me pidieron,
esa vez con la voz de un suspiro que sin humo se fue,
me dejaron sin su boca y sin el cuerpo que en la madrugada enterré.
Sesenta puchos diarios llenaban sus pulmones y mis deseos
de sus besos de humo amargo que jamás olvidaré.
Triste la noche aciaga, llena de lluvia y barro de tabaco.
Yo, caminando sobre sus virutas, empachado con tanto humo,
arrastrándome sobre el rastro de sus colillas encendidas,
derramando mi llanto sobre sus ojos muertos enrojecidos
Amarillos sus dedos en mi boca. Calla, me decían,
mañana serán menos y menos fueron sus días.
El último pitillo que su boca rígida en un suspiro pidió,
se llevó su vida y con ella la mía que es la que arrastro yo."

No hay comentarios:
Publicar un comentario