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domingo, 8 de julio de 2007

Explicarse

Con frecuencia tengo ganas de comentar algo en los blogs, pero cuando empiezo a redactar empiezo a tener dificultades. Las ideas, que parecían estar claras, ya no lo están. Tengo muchas incertidumbres sobre lo que yo mismo quiero decir. De modo que el mensaje queda sin enviarse. Aunque al menos he ganado en claridad de ideas sobre ese tema, respecto al momento antes de ponerme a escribir.

jueves, 14 de junio de 2007

Ilusiones pedagógicas (Brigantinus)

Leo:
"En los colegios se ha impuesto la ilusión pedagógica: primero hay que apasionar a los alumnos y después hacerlos trabajar. Es al revés. Uno sólo trabaja por obligación. No hay espontaneidad en el aprendizaje. A todos nos ha marcado algún profesor, y solía ser un gran carismático que nos hacía trabajar, no un animador cultural. La ilusión pedagógica nos dice que podemos reemplazar el trabajo por el juego. De ahí el desastre. Hay que inventar nuevas formas de autoridad sin volver atrás como reaccionarios. Los pilares de la educación europea son griegos (por la cultura), judíos (por la ley) y cristianos (por el amor). Si damos el amor sin la ley, no funciona." (en El País, entrevista a LUC FERRY Filósofo y ex ministro francés)

Y me pregunto: ¿cómo es posible que cosas tan sencillas y de sentido común hayan sido sistemáticamente ignoradas estos últimos años en la educación española?

El proceso lo he vivido de cerca y lo único que atino a decir es que, a veces, se produce una especie de "cegera" colectiva. Una suspensión del sentido común, de la razón y la sensatez más elementales. Suele suceder en algunos momentos en todos los pueblos, y luego parece inexplicable lo que sucedió.

viernes, 8 de junio de 2007

De Aretha Franklin

No tengo ni idea de música. Simplemente, me llamó mucho la atención, hace tiempo, que el libro de texto de música de un chaval de trece años propusiera la versión de I say a little pray for you de la película La boda de mi mejor amigo, y no la de Aretha Franklin. ¡Esta última te descubre tantas cosas!

miércoles, 16 de mayo de 2007

No es igual gordura que hinchazón (Brigantinus)

Sospecho que a medida que uno se hace mayor... el horizonte se estrecha. Los intereses son menos, las lecturas también y sobre todo hay pocas cosas que llaman verdaderamente la atención.
¿Es malo que esto suceda, y por lo tanto debe evitarse con alguna clase de gimnasia diaria mental?
Depende. Reducir el campo de visión no es necesariamente frustrante y no supone que la persona esté condenada a realizar tareas inútiles. No hay una implicación forzosa y sólo las circunstancias personales pueden indicar si es conveniente o no aplicar correctivos.
Supongamos, por un momento, que esa limitación de los objetivos, los placeres y los temas por investigar vayan acompañadas de una mayor profundización ¿sería eso malo?
No lo creo. Decir que sí equivaldría a suponer que siempre el número es señal de calidad; y que es mejor un kilo de manzanas (aunque estén pasadas o demasiado verdes) que un un kilo de maduras cerezas; ya que el primer caso ocupa mucho más volumen.
El problema, según lo veo, no está en el estrechamiento de intereses, sino en la superficialidad de la visión. Algo que sucede cuando estamos muy cansados o enfermos; pero no necesariamente cuando nos vamos poniendo viejos ¿no le parece?

miércoles, 9 de mayo de 2007

malinterpretar

Una razón para no publicar, de entre las muchas que hay, puede ser el desagrado que produce ser "malinterpretado". Pero en realidad, por muy claramente que nos expresemos, habrá que convenir en que es muy difícil que los demás vean las cosas exactamente igual que uno.

Un corolario podría ser: en relidad, un profesor no habla para el chico que le está "escuchando" ahora, sino para el que después recordará sus palabras y las pensará con más atención.

tiempo

En un cuentecillo probablemente budista, un hombre andaba por la selva con los ojos tapados por un pañuelo. Estaba siempre muy ocupado con toda una serie de problemas, así que no tenía tiempo para quitárselo.

Necesitamos pensar a fondo para conocer bien nuestra situación, para sembrar y recoger nuevas ideas o dar una respuesta apropiada. Pero no apartamos tiempo suficiente para ello. Quizá porque pensar es una actividad a menudo frustrante, y la realidad un puzzle que no se deja resolver. Si en algunos libros se plantea el pensar como un juego, para muchas personas la diversión se termina demasiado pronto.

lunes, 7 de mayo de 2007

Aconsejar

Es muy difícil aconsejar a los demás... a menos que los consejos que uno da en realidad estén dirigidos a uno mismo.
Esto lo veo más claro en el ajedrez. Se puede aconsejar sobre la base de principos generales, y en algunos momentos, aquellos de configuraciónes de piezas más simples, el consejo resulta bueno (como aconsejar, en la apertura, no gastar tiempos moviendo siempre las mismas piezas ya que permite a nuestro oponente que desarrolle sus peones y piezas), pero ya en el medio juego, los consejos son... opiniones nada más. Son tantas las variables en juego, tantas las combinaciones posibles, que un consejo no es otra cosa que una posibilidad entre varias igualmente buenas (o no tan buenas)
En cambio en los finales ya es posible volver a aconsejar, porque la situación se ha vuelto nuevamente sencilla, y las reglas resultan de un cálculo de pocas posibilidades.
Si establecieramos un paralelo, diría que es más fácil y útil aconsejar a los infantes... y a los viejos; pero toda la parte de la vida que sería equivalente al "medio juego" es difícil y muy peligroso dar consejos al otro.

madurez

Nuestros mayores nos ven enfrentarnos a problemas parecidos a los que ellos encontraron, y probablemente, aunque no hubiesen tomado la misma solución que uno ha tomado, sí son capaces de entender el porqué de nuestra elección y ser condescendientes con nuestros errores. ¿Por qué las personas mayores, maduras, no andan gritándonos continuamente «¡Así no!»? ¿Por qué no hacen algo para evitar que caigamos, una generación tras otra, en los mismos errores? No es sólo por una menor energía, hay algo más. Nos escuchan llenos de sobreentendidos, y nosotros apenas podemos suponer lo que hay detrás de su gesto.

domingo, 29 de abril de 2007

Definiendo

En el diccionario definen «solitario» como «retirado, que ama la soledad o vive en ella». Y «misántropo», como «persona que, por su humor tétrico, manifiesta aversión al trato humano».

Para David Trueba, en su novela 'Cuatro amigos', solitario era aquella persona que prefiere estar sola a estar bien acompañada. Esta definición me parece más útil y práctica, y sobre todo, al asumir la existencia de la «buena» compañía, expresa que el solitario no desprecia la compañía e incluso puede valorarla mucho.

Misántropo podría ser aquella persona que no puede imaginar qué puede ser eso de «estar bien acompañado». A su pesar, quizá. O no, en según qué circunstancias.

Lo cierto es que, en cuestión de compañías, uno es un tipo con suerte.