lunes, 30 de marzo de 2009

SOSPECHAS 4

NORA.- (huele el ambiente) Íntimamente, ya. Más clara que la nieve, la leche.
Oscuro.

Luz en el departamento.

ROBERTO.- En la casa todo es diferente.
ARMANDO.- ¿Extrañas el congreso?
ROBERTO.- No es que lo extrañe o... tal vez sí. Aquí hacemos siempre lo mismo (Pausa) Es bueno cambiar, uno no se da cuenta y cuando se da se ha transformado en rutina. Deberías probar, irte unos días, tratar a otra gente.
ARMANDO.- Es eso lo que te preocupa, la monotonía.
ROBERTO.- Lo digo por ti, para que te relajes.
ARMANDO.- ¿Me sientes tenso? (Pausa) Quizá tengas razón, debería ir por otro aire.
ROBERTO.- ¿Qué quiere decir ir por otro aire?
ARMANDO.- Lo has dicho tú, cambiar.
ROBERTO.- Yo no dije de aire, simplemente cambiar.
ARMANDO.- Entonces te gustó, quisieras repetirlo (Pausa) ¿No te sentiste muy solo?
ROBERTO.- Al contrario, hablas con otras personas, sientes otras cosas.
ARMANDO.- ¿Alguna en especial?
ROBERTO.- Sí, una en especial. Es como la música, no sé si en el frontón sucede. De pronto, algo que escuchas todos los días se te hace nuevo, te despierta nuevos sentimientos.
ARMANDO.- Ya.
Silencio.
ARMANDO.- Elisabeth también regresó.
ROBERTO.- ¿Regresó?
ARMANDO.- Estuvo de viaje, como tú, un viaje de ésos, ya sabes.
ROBERTO.- Coincidencias, a todos nos gusta viajar.
ARMANDO.- No a todos ¿sabes cuánto tiempo hace que yo no cambio?
ROBERTO.- Por lo menos cuatro meses.
ARMANDO.- Más (Pausa) Me gustaría saber si Elisabeth siente lo mismo que tú.
ROBERTO.- Hay que preguntarle, es inteligente, puede contestar.
ARMANDO.- ¿Cómo tú?
ROBERTO.- Creo que las mujeres piensan diferente ¿no te parece?
ARMANDO.- Tú debes saberlo.
Silencio.
ROBERTO.- Por qué dices que yo debo saberlo.
ARMANDO.- Los sexos son tan parecidos... No, no creo que ellas piensen de otro modo. Al fin y al cabo somos humanos, con los mismos instintos y emociones. Concretamente, para que me entiendas, pienso que Elisabeth opina igual que tú.
ROBERTO.- Qué te hace pensar eso.
ARMANDO.- El viaje, el congreso, el rompimiento de la monotonía. ¿Tú qué crees?
ROBERTO.- No lo sé, es algo que necesita concentración, meditar. Quizás eso es lo que nos ha faltado, meditación.
ARMANDO.- Hablar con Dios.
ROBERTO.- Con uno mismo. Preguntarse, responderse, algo así como el frontón... no sé si me explico... la pelota va de uno a otro, no siempre en línea recta... ¿me entiendes?
ARMANDO.- No, no entiendo. Quizá Elisabeth lo entienda (Pausa) ¿Has meditado con ella?
ROBERTO.- No hasta ahora, pero quizá sí me gustaría hacerlo.
Silencio.
ARMANDO.- Últimamente, ¿Has tenido alguna sospecha?
ROBERTO.- ¿Yo? No, no creo, para mí todo está claro. ¿Tú?
ARMANDO.- He sospechado que Elisabeth y tú se entienden.
ROBERTO.- Bueno, tú te entiendes bien con Nora, ¿no es así?
ARMANDO.- Es distinto, Roberto. Lo que quiero decir es que tú y ella...
ROBERTO.- (interrumpe) Que ella y yo coincidimos en el congreso. ¿Te ha dicho Nora algo?
ARMANDO.- Todo, Roberto, Nora me ha contado todo. Sólo falta un eslabón en la cadena, es lo que quiero averiguar.
ROBERTO.- Estupendo. Averígualo y después me cuentas (ve su reloj) Me voy, se me hace tarde.
ARMANDO.- ¿Por la noche?
ROBERTO.- No lo sé, Armando, depende de la hora. Entiéndeme, acabo de regresar, igual que Elisabeth, ¿te das cuenta? (sale)

Suena el teléfono. Armando contesta. Luz en la casa. Nora en el teléfono.

ARMANDO.- ¿Bueno?
NORA.- Armando, ¿eres tú?
ARMANDO.- ¿Nora?
NORA.- Sí, ¿has averiguado algo?
ARMANDO.- Casi todo. Creo que tienes razón, se entienden.
NORA.- ¿Duermen o se acuestan?
ARMANDO.- Es lo que queda por saber. Creo que se acuestan.
NORA.- Nos vemos mañana aquí, te espero.
ARMANDO.- Mañana no, pasado (Pausa) Tú, ¿estás decidida?
NORA.- Sí, totalmente.
Oscuro en las dos zonas.

Luz en el departamento. Roberto lee el periódico. Se escucha a bajo volumen un fragmento de Don Giovanni de Mozart. Baja Armando en pijama y con una bandeja con café. Roberto deja el periódico y se dispone a tomar el café que Armando le sirve.

ARMANDO.- ¿Andas de conquistador?
ROBERTO.- Es lo que me faltaba.
ARMANDO.- ¿Es eso?
ROBERTO.- ¿El café? Sí. ¿Pensaste otra cosa?
ARMANDO.- Me gustaría saber lo que sientes. Te he estado observando y no sé, no sé...
ROBERTO.- Las personas cambian. Recuerda a tu amigo Ricardo. ¿No fue él quién reprobó tu actitud?
ARMANDO.- Ricardo es una persona decente, sabe comprender.
ROBERTO.- Y tú, ¿eres decente?
ARMANDO.- A veces es difícil comprender ciertas cosas, Roberto. Te dije que tenía una sospecha, ¿no es eso ser decente?
ROBERTO.- Mi querido Armando, hay veces que la decencia se aparta de la comprensión. Yo mismo creí que era decente y siento, si es eso lo que quieres saber, siento que algo ha cambiado, para ser más preciso, está cambiando.
ARMANDO.- Entonces es cierto, estuviste con Elisabeth en el congreso, se vieron, se hablaron y...
ROBERTO.- Todavía no, Armando.
ARMANDO.- Todavía no ¿qué?
ROBERTO.- Tú mismo estás cambiado ¿lo ves? Es la sospecha, antes no sospechabas. Y eso, probablemente, es lo que me ha cambiado a mí (Pausa) Sí, te he mentido pero no enteramente por mi culpa. Ni yo mismo entiendo lo que pasa (Pausa) Parece que Nora lo sabe mejor que yo, y tú has estado en contacto con Nora ¿no es así?
ARMANDO.- No sé a qué clase de contacto te refieres, pero si es lo que imagino estás equivocado y lo sabes. Nora es una amiga, tuya y mía, y no se trata de ella sino de Elisabeth (Pausa) Dime de una vez, ¿te acuestas con ella o sólo duermes con ella?
ROBERTO.- ¿Hay alguna diferencia?
ARMANDO.- ¡Contesta!

Roberto se sirve más café y toma.

ARMANDO.- ¿Te gusta?
ROBERTO.- Siempre me ha gustado tu café.
ARMANDO.- Me refiero a ella.
Silencio.
ROBERTO.- ¿Alguna vez te has sentido entre la espada y la pared?.. Un paso más y todo se pierde.
ARMANDO.- La vida.
ROBERTO.- La amistad (Pausa) No sé qué decirte, Armando. Todo ha sucedido sin apenas darme cuenta. Dame tiempo y lo sabrás todo.
ARMANDO.- ¿Tiempo? El tiempo pasa y no se recupera.
ROBERTO.- Esperemos que sí, que esta vez pueda recuperarse.

Roberto va al aparato de sonido y retira el CD, toma el periódico y sube por la escalera.

ROBERTO.- Adiós.

Armando queda nervioso, recoge el servicio de café y queda mirando el fondo de la taza.

ARMANDO.- Sí, adiós.
La luz se va extinguiendo hasta el oscuro.

Luz en la casa. Nora, nerviosa, camina por el living. Baja por la escalera Elisabeth.

NORA.- Te estaba esperando.
ELISABETH.- Ya lo veo. ¿Estás preocupada? Lo mismo me sucede a mí.
NORA.- No parece, te ves tan feliz.
ELISABETH.- Será por lo de la carne. Me siento mejor.
NORA.- No creo que sea por eso (Pausa) ¿Dices que estás preocupada?
ELISABETH.- ¿Has vuelto a ver a Rocío?
NORA.- La veo a menudo, es mi amiga, y tuya.
ELISABETH.- Sí, claro, es amiga de las dos. Las dos dormimos en su casa.
NORA.- Cuando nos conviene. ¿Tiene algo de malo?
ELISABETH.- Es lo que quisiera saber.
Silencio.
NORA.- ¿Por qué cambian las cosas?
ELISABETH.- Son las personas las que cambian.
NORA.- Las circunstancias y las personas.
ELISABETH.- Es lo que yo digo, las dos.
Silencio.
ELISABETH.- ¿Qué te pasa, Nora?
NORA.- Me preocupa tu relación.
ELISABETH.- A mí me preocupa la tuya.
NORA.- ¿Qué quieres decir?
ELISABETH.- Te lo digo de una vez, me tiene harta tu relación con Rocío.
NORA.- No creo que sea eso, no es tan fácil, amiga.
ELISABETH.- No lo será, pero lo que es un hecho es que has cambiado.
Silencio.
ELISABETH.- ¿Qué sucede, Nora? Deberías contarme.
NORA.- ¿Qué quieres que te cuente, que estoy dispuesta a todo?
ELISABETH.- Estás al borde de ir adonde Rocío. Dilo
NORA.-Estoy al borde de cometer algo monstruoso, Elisabeth (Pausa) Existe una teoría: si la causa se elimina desaparecen los efectos. Tú, ¿crees en ella?
ELISABETH.- Las teorías no dejan de serlo hasta que no se demuestran. La práctica las confirma.
NORA.- Sí, es lo que yo creo, pero es horrible.
ELISABETH.- Nada es horrible si la razón es suficientemente fuerte.
NORA.- Me alegra que pienses así. De verdad que me alegro (recoge su chaqueta del sofá y se la pone) Te dejo, debo conseguir algo (sale)

Elisabeth queda intrigada. La luz se extingue hasta el oscuro.

Luz en el departamento. Nora y Armando están tomando de sendas copas.

NORA.- Los dos mienten.

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