Una razón para no publicar, de entre las muchas que hay, puede ser el desagrado que produce ser "malinterpretado". Pero en realidad, por muy claramente que nos expresemos, habrá que convenir en que es muy difícil que los demás vean las cosas exactamente igual que uno.
Un corolario podría ser: en relidad, un profesor no habla para el chico que le está "escuchando" ahora, sino para el que después recordará sus palabras y las pensará con más atención.
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