Es muy difícil aconsejar a los demás... a menos que los consejos que uno da en realidad estén dirigidos a uno mismo.
Esto lo veo más claro en el ajedrez. Se puede aconsejar sobre la base de principos generales, y en algunos momentos, aquellos de configuraciónes de piezas más simples, el consejo resulta bueno (como aconsejar, en la apertura, no gastar tiempos moviendo siempre las mismas piezas ya que permite a nuestro oponente que desarrolle sus peones y piezas), pero ya en el medio juego, los consejos son... opiniones nada más. Son tantas las variables en juego, tantas las combinaciones posibles, que un consejo no es otra cosa que una posibilidad entre varias igualmente buenas (o no tan buenas)
En cambio en los finales ya es posible volver a aconsejar, porque la situación se ha vuelto nuevamente sencilla, y las reglas resultan de un cálculo de pocas posibilidades.
Si establecieramos un paralelo, diría que es más fácil y útil aconsejar a los infantes... y a los viejos; pero toda la parte de la vida que sería equivalente al "medio juego" es difícil y muy peligroso dar consejos al otro.
lunes, 7 de mayo de 2007
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