Los Proverbios de Sem Tob, son un buen ejemplo del castellano de mediados del siglo XIV:
" Por nascer en espino
non val la rosa, cierto,
menos, nin el buen vino
por salir del sarmiento.
Non val el acor menos
por nascer de mal nido,
nin los enxenplos buenos
por los dezir judio."
A fines del siglo XV, Antonio de Nebrija, con su Gramática sobre la lengua castellana (1492), trata de fijar por vez primera las normas de la lengua española, que ya para esas fechas florecía en las Coplas de Jorge Manrique:
"¿Qué se hizo el rey don Juan?
Los infantes de Aragón,
¿qué se hicieron?
¿Qué fue de tanto galán?
¿Qué fue de tanta invención
como trujeron?
(Es a mediados de ese mismo siglo XV que el idioma castellano pasa al Nuevo Mundo y se enriquece insospechadamente al tomar voces propias de las lenguas americanas.)
Entrado el siglo XVI, aparecen en España una pléyade de escritores que le dan a la lengua un esplendor admirable; se llama esta época Siglo de Oro de las letras españolas.
De Cervantes:
"...En resolución, él se enfrascó tanto en su lectura, que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio; y así del poco dormir y del mucho leer se le secó el cerebro de manera que vino a perder el juicio."
Pasamos por los siglos XVII, XVIII y XIX, y llegamos al siglo XX con autores como Miguel Ángel Asturias:
"...La noche los reunía al mismo tiempo que a las estrellas. Se juntaban a dormir en el Portal del Señor sin más lazo común que la miseria, maldiciendo unos de otros, insultándose a regañadientes con tirria de enemigos que se buscan pleito, riñendo muchas veces a codazos y algunas con tierra y todo, revolcones en los que, tras escupirse, rabiosos, se mordían."
¿Qué podemos concluir? Parece evidente que el perfeccionamiento del español no ha dependido tanto de academias y de reglas por ellas impuestas, como de la presencia y ejemplo de buenos escritores que indudablemente son los que han mejorado con sus obras el habla individual, el lenguaje y el idioma. Creemos que la mezcla armoniosa del trabajo inteligente de gramáticos y escritores es la fórmula que ha trabajado y seguirá trabajando en la perfección de la lengua española. Más importantes son los escritores, pues son ellos los creadores o receptores de palabras y formas nuevas que, posteriormente, los gramáticos pueden ordenar y reglamentar. Primero es la creación y luego el ordenamiento; pero es sólo a partir del orden que se puede crear: creación, ordenamiento; creación, ordenamiento... esta es la fórmula. Dejemos de preocuparnos del desarrollo y destino del idioma español; ocupémonos en facilitar el nacimiento y desarrollo de buenos escritores y de algún que otro gramático: lo demás se nos dará por añadidura.
La historia nos ha demostrado, una y otra vez, que sólo durante las largas épocas de paz, verdad, congruencia, orden y progreso, pueden las artes florecer, madurar y llegar a cúspides de esplendor; es cierto que durante períodos de guerra y presiones sociales se han dado obras bellísimas, pero son sólo excepciones para confirmar la regla anterior. Aunque la política nos disguste, si queremos que nuestras artes brillen y se conciban obras perdurables, es preciso que escojamos gobiernos sanos, custodios de valores éticos; de otra manera, seguiremos navegando por los mares de la mediocridad, obteniendo sólo algún reconocimiento cuando de firmar algún tratado comercial ventajoso se trate. ¡Desterremos de una vez el miedo! Tenemos todo para ganar y sólo una cosa para perder: la vida... ¿vale la pena vivirla en constante mediocridad?

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