En los olmecas dominó la cabeza, la mente, la inteligencia. Los toltecas trataron de conjuntar mente con corazón y desembocaron en la supremacía de los aztecas, hechos de sólo corazón y que, como siempre sucede cuando se deja a los instintos tomar el mando de la personalidad, se transformaron en fanáticos delirantes, más dominados por la locura, cuyos signos son evidentes en todo su arte, que por sus creencias religiosas plenas de complejos de temor, de venganza y de insuperable miedo a la muerte o, lo que es lo mismo, miedo a la vida.
Los mayas, mezclaron la inteligencia olmeca con el sentido de lo mágico que arrastran todos los hombres que no se entregan a los sentidos; de esa unión nació una cultura de amor que llegaba al sacrificio sublime, y que no pudo perdurar por la falta de fuerza que estos valores tienen frente a la naturaleza, y por la desgraciada influencia tolteca que llegó al territorio maya en el siglo X. La vida perdió su valor a causa del miedo a la muerte, miedo que hace matar. De ahí, el estilo de vida de perjudicar al otro humano antes de que él me perjudique a mí; matar a muchos otros a fin de que no me toque a mí: todos son mis enemigos y deben morir antes que yo.
Resulta extraño, a primera vista, el que los mejores investigadores de las culturas prehispánicas sean extranjeros, gente muy distante de ser mexicana, latinoamericana e incluso española. Pensamos que lo raro sería que no ocurriera así. Es lógico pensar que seamos reaccionarios a escarbar un terreno, que a unos nos parece culpable y a otros peligroso, por encerrar realidades que presentimos y que no queremos admitir. Sin embargo, hay hasta ahora tan pocas evidencias históricas de lo que realmente fue, que podemos sin temor lanzar nuestra imaginación a volar por los cielos que más nos gusten o mejor nos convengan. La interpretación de los signos prehispánicos de que disponemos constituye un campo maravilloso para aquellos que se atrevan a jugar con su imaginación sin el miedo de verse traicionados por ella. Casi todo se vale, y sorprende ver como tienen éxito las más raras, extravagantes y diversas interpretaciones de, por ejemplo, lo que es evidente se trata de un astronauta en Palenque... ¿o no será un astronauta?... seguramente no, pero... ¡nos gustaría tanto que lo fuera!

No hay comentarios:
Publicar un comentario