domingo, 22 de marzo de 2009

SOSPECHAS 1

 

PERSONAJES

Elisabeth, treintañera

Nora, treintañera

Roberto, cuarentón

Armando, treinta.

 

 

INVIERNO

 

El escenario está dividido en dos zonas diferentes.

A la izquierda del público la casa de Elisabeth y Nora. Comprende  puerta de entrada al fondo, hall, living  y escalera de caracol al primer piso.

A la derecha, departamento duplex de Roberto y Armando. Comprende living, chimenea y escalera recta al primer piso, donde se encuentran otros cuartos y la puerta de entrada.

Muebles contemporáneos de buen gusto.

 

            El departamento oscuro. La casa está iluminada.    Nora lee una revista. Entra Elisabeth cargando             bolsas.

 

NORA.- Te ayudo.

ELISABETH.- Junto al bar, luego las subimos.

            Silencio.

NORA.- Saliste temprano. No te oí.

ELISABETH.- En realidad, no me acosté.

NORA.- ¿No?

ELISABETH.- No, no me acosté.

NORA.- No te acostaste.

ELISABETH.- Me quedé en casa de Rocío.

NORA.- ¿Dormiste con Rocío?

ELISABETH.- Dormí con Roberto.

            Silencio.

NORA.-  Pitágoras 42.

ELISABETH.- Pitágoras 44.

NORA.- Dos números de diferencia.

ELISABETH.- Dos números de diferencia.

            Silencio.

NORA.- Deberíamos cambiarnos. Hace frío aquí.

ELISABETH.- Hay que hablar con el portero. Que     ponga   la calefacción más alta.

NORA.- ¿Con quién?

ELISABETH.- El portero.

NORA.- Se apaga por las noches.

ELISABETH.- No debería ser.

            Silencio.

NORA.- ¿Por esto te quedaste con Rocío?

ELISABETH.- No (Pausa) En su departamento la     calefacción trabaja bien.

            Silencio.

NORA.- Pitágoras 42.

ELISABETH.-  44.

NORA.- Deberíamos cambiarnos. Estaríamos más      cerca.

ELISABETH.- La distancia no es el problema.

NORA.- El distanciamiento  causa  problemas.

ELISABETH.- Sí, el distanciamiento los causa.

            Silencio.

NORA.- ¿Armando?

ELISABETH.- ¿Ha llamado?

NORA.- No, Armando no ha llamado.

            Silencio.

ELISABETH.- Te traje la revista.

NORA.- ¿Vas a estar aquí... por la noche?

ELISABETH.- Parece como si te importara.

         

             Elisabeth toma una bolsa y sube. Nora se pone                  a leer.

 

            Luz en el departamento de Roberto y Armando.      Roberto baja en pijama, enciende la chimenea.       Se escucha la  puerta de entrada arriba. Armando       baja vestido de calle con un periódico que deja      sobre la mesa.

 

ROBERTO.- Saliste a comprarlo.

ARMANDO.- Como todos los días.

ROBERTO.- A veces no.

            Silencio.

ROBERTO.- Anoche te estuve esperando.

ARMANDO.- Sabías que llegaría tarde.

ROBERTO.- Contigo nunca se sabe.

            Silencio.

ROBERTO.- ¿Ganaste?

ARMANDO.- Al principio, luego perdí todo.

ROBERTO.- El frontón nos arruina.

ARMANDO.- Tu música también (saca un CD que deja       sobre el aparato de sonido)

ROBERTO.- Gracias.

            Silencio.

ARMANDO.- Han pasado tres meses.

ROBERTO.- Casi cuatro.

ARMANDO.- El tiempo no es como la distancia.

ROBERTO.- ¿Te arrepientes?

ARMANDO.- La distancia puede remediarse, el tiempo         pasa sin que se pueda recuperar.

            Silencio.

ROBERTO.- ¿No podrás dejar el frontón?

ARMANDO.- Algún día, sí, es posible (se acerca a   Roberto y lo besa)

 

            En la casa y en el departamento la luz se extingue hasta el oscuro.

.

            Luz en la casa de Nora y Elisabeth. Las bolsas        no están. Nora en el teléfono. Por la escalera baja             Elisabeth.

 

NORA.-... De acuerdo (Cuelga)

ELISABETH.- Con quién hablas.

NORA.- El carnicero.

ELISABETH.- ¿Encargaste algo?

NORA.- Lo de siempre. Me sorprende que nos guste la         misma carne... espaldilla.

ELISABETH.- Sí, es raro que nos gustara lo mismo.

            Silencio.

NORA.- ¿Volverás tarde?

ELISABETH.- La oficina se saturó de trabajo (Pausa)           ¿Tú?

NORA.- También. Recogeré la espaldilla.

           

            Elisabeth toma del sofá su chaqueta, besa a Nora y            sale. Nora se dirige al teléfono y marca. Suena el             teléfono.

 

            Luz en el departamento de Roberto y Armando.      Armando baja poniéndose  el saco y contesta.

 

ARMANDO.- ¿Sí?

NORA.- Pensé no encontrarte.

ARMANDO.- Roberto ya se fue.

NORA.- ¿A qué hora, entonces?

ARMANDO.- Podemos cenar juntos. Tengo la noche            libre. Roberto no llegará hasta tarde, irá a un    concierto.

NORA.- ¿A las nueve?

ARMANDO.- Nueve y cuarto.

NORA.- ¿Dónde?

ARMANDO.- En mi departamento.

NORA.- ¿Cuarenta y dos?

ARMANDO.- Cuarenta y cuatro.

NORA.- De acuerdo. Chao.

ARMANDO.- Chao.

           

            Ambos cuelgan. Nora sube la escalera en su casa y             lo mismo hace Armando en su departamento. La             luz se   extingue en ambas zonas hasta oscuro.

           

            Luz en el departamento de Armando y Roberto.      Por la escalera bajan Nora y Armando.

 

NORA.- Mejor no me quedo. Lo que quiero es hablar,          hablar antes que Roberto llegue.

ARMANDO.- ¿Una copa?

 

            Armando prepara dos copas, le da una a Nora.

 

ARMANDO.- Lástima, cociné una espaldilla para los             dos.

NORA.- Ya no le gusta la espaldilla.

ARMANDO.- ¿No te gusta?

NORA.- A Elisabeth. Le hace daño.

ARMANDO.- ¿Y tú?

NORA.- No te entiendo.

ARMANDO.- ¿Que si te hace daño?

NORA.- Yo no diría eso.

ARMANDO.- Entonces qué dirías.

NORA.- Que me da lo mismo, para mí espalda u otra             cosa es lo mismo.

ARMANDO.- Pero te gusta la carne.

NORA.- No me hace daño. A Elisabeth tampoco le    hacía,   es sólo desde hace unos días, desde que          salió con Roberto.

ARMANDO.- ¿Salió con Roberto?

NORA.- Bueno, durmió con él.

 

            Armando prepara otras dos copas. Le da una a       Nora.

 

ARMANDO.- (muy interesado) Cuéntame.

NORA.- Dónde estabas tú el viernes por la noche.

ARMANDO.- El viernes... fui al frontón.

NORA.- Me lo imaginaba.

ARMANDO.- Me gusta apostar. Pero voy a dejarlo,             Ricardo me lo ha pedido más de una vez. Y     tiene     razón, no hago otra cosa más que perder.

NORA.- ¿Quién es Ricardo?

ARMANDO.- ¿Dije Ricardo? No, quise decir Roberto.         Vivimos aquí, ya sabes, los dos, desde hace tres          meses. Cuestión de economía, no de gustos; a mí        me gusta el frontón y a él la música (Pausa) Pero        tú dijiste Roberto, no Ricardo, que Elisabeth             durmió con Roberto, eso es lo que dijiste.

NORA.- Sí Armando, y de eso vine a hablar. Quiero pedirte un favor. Tú sabes que no me atrevería            si no fuera por el tiempo que nos conocemos,             desde   el taller aquél de poesía.

ARMANDO.- Fue un taller hermoso. Tú y Elisabeth   eran unas mocosas. Lo digo sin ofender, claro.

NORA.- Pues esas mocosas tienen ahora problemas, serios   problemas.

ARMANDO.- ¿Y que puedo hacer  para ayudar?

NORA.- Alejar a Roberto para que no puedan seguir             acostándose.

 

            Armando queda pensativo por un rato.

 

ARMANDO.- ¿Otra copa?

NORA.- No, gracias. Me siento mareada, pero no es             por la   copa (Pausa). Sí dámela, me pongo más             sincera.

ARMANDO.- (le da la copa) Tú dijiste que habían    dormido juntos, ahora dices que  se acuestan.

NORA.- ¿No es lo mismo?  

ARMANDO.- Nora, yo podría dormir aquí contigo,   ahora, quizá por el frío, pero acostarme... no, no         creo poder hacerlo.

NORA.- Entonces, piensas que fue por el frío, que no             se... acostaron.

ARMANDO.- Roberto sería incapaz, lo conozco.

 

            Nora se sirve otra copa y se la toma de un trago.

 

NORA.- ¡Qué alivio, Armando, qué alivio! ¡No sabes            cómo te lo agradezco!

 

            Armando se sirve otra copa y queda pensativo un   momento, luego se la toma. Nora se sienta en el      sofá. Oscuro

 

            Luz en la casa de Nora y Elisabeth.  Nora baja por             la escalera, se asegura de que Elisabeth no la             sigue y se dirige al teléfono,   marca.

 

NORA.- ¿Armando?... Te llamo para decirte que       fueron las copas, por eso me convenciste, pero ahora            con calma pienso que hay más, pienso que             lo de la             carne es otro indicio y que como tú      dijiste no es lo mismo dormir en el mismo lugar que acostarse            juntos.... ¿No lo puedes creer? ¡Ay, Armando,            la vida es mucho más complicada!..

 

            Se escuchan pasos en la escalera. Elisabeth baja     terminándose de arreglar.

 

ELISABETH.- Nora, ¿estás ahí?

NORA.- (al teléfono) Tengo que dejarte. Hablamos luego     (cuelga)

ELISABETH.- ¿Otra vez con el carnicero?

NORA.- La agencia, la agencia de viajes.

ELISABETH.- ¿Vamos a alguna parte? (Pausa) Me gusta,   me gusta mucho la idea, incluso            podríamos decirles             a Roberto y a Armando           que nos acompañaran.

NORA.- A Roberto, claro.

ELISABETH.- Anda, dime, de verdad, ¿con quién     hablabas?

            Silencio.

NORA.- ¿Vas a salir?

ELISABETH.- ¿Por la noche? (Pausa) Sí, voy a salir.

NORA.- ¿Dormirás en casa de Rocío?

ELISABETH.- Depende.

NORA.- ¿De que Roberto vaya a un concierto? Le    gusta    la música.

ELISABETH.- (sorprendida) ¿Te lo ha dicho            Armando?

NORA.- Bueno, Armando y yo nos entendemos, sabes.

            Silencio.

NORA.- Después de todos esos  meses, dime Elisabeth,        ¿me dejarías?

ELISABETH.- No quería disgustarte, Nora, pero de verdad que la espaldilla me da ardor.

NORA.- Por eso lo haces, porque te da ardor.

ELISABETH.- No, por eso no voy a dejarte. Sólo     sugeriría un cambio.

NORA.- Ya sé, compraremos falda, te gustará.

ELISABETH.- No creo que funcione, Nora.

 

            Elisabeth sale, Nora va al teléfono, marca.

 

NORA.- (al teléfono) Don Inocencio, habla Nora... Pues      recuerda que le encargué espaldilla... pues no,                         que sea falda... ¿No tiene?... Pues mañana,      me la    guarda... Gracias (cuelga y vuelve a   marcar)

 

            En el departamento se hace la luz. El teléfono         suena. Armando está atizando la chimenea, va y             contesta.

 

ARMANDO.- ¿Bueno?

NORA.- (al teléfono) Armando, necesito verte, volverá         a suceder.

ARMANDO.- Qué es lo que va a suceder.

NORA.- Lo mismo, Armando, el acueste.

ARMANDO.- Explícate, dime.

NORA.- Te lo diré cuando nos veamos.

ARMANDO.- ¿Cuándo?

NORA.- Aquí, en mi casa, esta noche.

 

            Ambos cuelgan. La luz de la casa se extingue.

 

            Luz en el departamento.  Por la escalera baja         Roberto.

 

ARMANDO.- ¿Hay concierto hoy?

ROBERTO.- ¿Concierto hoy?

ARMANDO.- ¿Sorprendido?

ROBERTO.- ¿He de sorprenderme?

 

            Armando sirve dos copas y le pasa una a Roberto.

 

ARMANDO.- ¿Confías en mí?

ROBERTO.- ¿Puedo hacer otra cosa?

ARMANDO.- Otra cosa, claro.

            Silencio.

ROBERTO.- Hace sólo cuatro meses y parece que todo        esté cambiando.

ARMANDO.- Sí, todo parece cambiar.

            Silencio.

ROBERTO.- Dilo.

ARMANDO.- Qué tengo que decir.

ROBERTO.- Que estás harto, cansado, que te           gustaría...

ARMANDO.- ... que me gustaría aclarar algunas cosas,         sí, me gustaría.

            Oscuro.

 

            Luz en la casa. Tocan a la puerta. Nora abre.          Entra Armando.

 

NORA.- Pasa y sírvete algo.

ARMANDO.- (se quita el abrigo) ¿Para ti?

NORA.- Lo mismo.

 

            Armando prepara dos copas, le da una a Nora y se             sientan.

 

ARMANDO.- ¿Qué ha sucedido ahora? Estuve         pensando en lo de la carne y no creo que sea eso.       ¡Me             extraña tanto! (Pausa) Elisabeth y       Roberto nunca se cayeron bien o ¿tú crees que            sí?

NORA.- Te siento nervioso, Armando. Toma tu copa             mientras sirvo otras dos. Debemos calmarnos.             Creo que los dos estamos demasiado excitados y     así no   vamos a ninguna parte.

ARMANDO.- ¿Te das cuenta, Nora, lo que significa para     mí que Roberto me engañe con            Elisabeth?.. Le he dedicado mucho tiempo, no     sería justo (Pausa) Tú me entiendes, ¿verdad?            Son meses, Nora, meses. Cuando íbamos al         taller     ya... bueno, fue allí donde nos caímos mejor y desde entonces... ¿Sí me comprendes?

 

            Nora le da una copa a Armando y toma de la suya.

 

NORA.- Te comprendo tan bien que es como si         describieras mi historia. Amo a Elisabeth de tal            manera que sería capaz de cualquier cosa. Ya        ves que cambié a falda aún sospechando que no          es eso,             que en realidad el asunto es más serio             (Pausa) Yo también la engañé.

ARMANDO.- Tú, ¿cómo?

NORA.- Verás, me pescó cuando hablaba contigo y le           mentí, que no estaba hablando con el carnicero            sino con la agencia de viajes.

ARMANDO.- No veo que eso sea importante.

NORA.- Es que ella quiere irse con Roberto. ¿No te ha          dicho él nada?

ARMANDO.- ¡Que no me lo diga porque lo mato!

NORA.- ¿Qué dijiste?

ARMANDO.- Que no se irá de viaje, que antes lo mato.

 

            Nora sirve otras dos copas.

 

NORA.- Qué curioso.

ARMANDO.- ¿Curioso?

NORA.- Yo también he pensado en eso.

ARMANDO.- ¿Matarías a Elisabeth?

NORA.- No, a Roberto.

 

 

            Oscuro en la casa y luz en el departamento.             Roberto calentando el abrigo en la   chimenea.       Baja Armando con un servicio de café.

 

ARMANDO.- ¿No vas a tomar café?

ROBERTO.- Sí, como no. Ya sabes que yo sin café...            Voy a salir más tarde, me invitaron a una sesión.          Es en             casa del saxo, van a ensayar.

ARMANDO.- ¿Van a tocar en esa sesión? (Pausa) Se          me hace raro. Nunca te habían invitado antes, que yo recuerde.

ROBERTO.- No les gusta hacerlo en público. Me      invitan por el saxo que me agarró simpatía.

 

            Armando sirve el café.

 

ARMANDO.- Qué curioso, ¿no te parece?

ROBERTO.- Parecerme, ¿qué cosa?

ARMANDO.- La palabra, la palabra. Cambias una a             por una e y aparece sexo. ¿No es curioso?

ROBERTO.- Pues sí, debe serlo. Nunca había            reparado en ello (toma de su taza). A propósito,        dijiste que querías aclarar algo, ¿qué es?

ARMANDO.- Oh, sí. Se trata de (toma de su taza) Bueno quizá te parezca una tontería pero pensé          consultarlo contigo.

ROBERTO.- Adelante. Sabes que no me gusta que te            quedes con algo, que lo nuestro debe ser claro...         y no me refiero al café que te salió delicioso.

ARMANDO.- ¿Te sirvo más?

 

            Roberto afirma con la cabeza y Armando le sirve    más.

 

ARMANDO.- Tú conoces a Nora y a su amiga          Elisabeth.

ROBERTO.- ¿Las del taller? Pues claro que las          conozco.

ARMANDO.- Pues tienen problemas.

ROBERTO.- Quién no los tiene. Qué tipo de problemas.

 

            Roberto le toma la mano a Armando y se la besa.

 

ARMANDO.- ¿A ti qué te gusta más la espaldilla o la            falda?

ROBERTO.- Sabes que a mí la carne fushi ¿por qué lo           preguntas?

ARMANDO.- Antes Elizabeth comía espaldilla y no le           hacía daño. Ahora le da ardor ¿Tú crees? Y    tampoco soporta la falda (toma de su taza) Ese es        el problema.

ROBERTO.- ¿Cómo supiste? Hace días que no vemos          a Nora (toma de su taza) Me cae bien.

ARMANDO.- Pues verás, me llamó  y me lo contó    todo.

ROBERTO.- Ay, Armando. Cuántas veces nos hemos           repetido que no nos meteríamos en la vida de nadie. Poca experiencia, amigo (toma de su taza) Pero, ya estás en ello y te preocupa. Mira, lo   más probable es que no le sienta la carne.

ARMANDO.- Así, de repente.

ROBERTO.-  Sí, así, de repente. Cuántas cosas no    pasan   así, de repente (Pausa) ¿Y eso es lo que te     preocupa?

ARMANDO.- Eso y las consecuencias, pero ya veo que        a ti te importa poco, no te importa lo que pueda          pasar. Menores causas han tenido consecuencias       fatales, ¿no crees?

ROBERTO.- Lo creo, pero no veo la relación con la espaldilla y la falda.

ARMANDO.- Ah, tú no la ves (Pausa) ¿Porque no la           ves o porque no te interesa?

ROBERTO.- ¿Qué quieres que te diga? No es que no            me interese si se trata de algo tuyo, es que ni a la             espaldilla ni a la falda les veo problema alguno.            A mí tampoco me entusiasman. Y ahora si me permites me voy, se me hace tarde. Te prometo      que cuando regrese, si todavía estás despierto,            hablaremos del problema de la carne (se pone el      abrigo)

ARMANDO.- Antes de que salgas, dime una cosa:    ¿Alguna vez te gustó Elizabeth?

ROBERTO.- Otra vez lo mismo. Ni la espaldilla ni las             faldas. No deberías preguntarme esas cosas,   podría ofenderme. Chao.

 

            Roberto sube por la escalera.

 

ARMANDO.- ¿Esta noche?

ROBERTO.- Si estás despierto.

            Oscuro.

 

            Poco a poco se ilumina la casa. Se escucha a bajo volumen la canción "La media vuelta" de José             Alfredo Jiménez.

 

NORA.- Hoy tenemos falda.

ELISABETH.- Que yo recuerde siempre hemos tenido.

NORA.- Me refiero al carnicero.

ELISABETH.- Te esfuerzas demasiado, Nora. Ya te dije que será lo mismo. Es la carne lo que me   arde.

NORA.- ¿Estuviste en la Agencia?

ELISABETH.- Vaya, ya te enteraste.

NORA.- Pensé que viajaríamos juntas.

ELISBETH.- Pedí permiso en la oficina. No conviene             dejar la casa sola.

NORA.- No, no conviene.

 

            Nora arregla unos cojines y sube por la escalera.    Elisabeth desarregla los mismos cojines y sube el             volumen del aparato de sonido. Se escucha:            "Entonces yo daré la media vuelta y me iré con el sol, cuando muera la tarde..." Enciende un        cigarrillo y queda pensativa mirando las escaleras.             La música y la luz se van extinguiendo hasta el    silencio y el oscuro.

           

            Luz en el departamento. Armando lee una   revista, Roberto deja unos papeles que está             leyendo, se levanta, va al aparato de sonido y pone       un CD, se vuelve a sentar y sigue leyendo sus          papeles. Se escucha a bajo volumen "Feelings" de

            Morris Albert (Mauricio Alberto Kaiserman)

 

jueves, 12 de marzo de 2009

SISSI


Se me apareció con sus senos desnudos pues apretarlos significaba lo que hoy es cáncer. Ese italiano que hundió el cuchillo entre ellos supo que yo no podría verla mas que muerta. Sissi ha sido y será el amor mas puro que un primo mío tuvo cuando vivió en Turín bajo la capa de los Habsburgo ; linda dinastía a la  que emparentó mi amada desnuda. Después Maximiliano llegó a México mientras su hermano Carlos Luis era deportado por tener sexo con un menor en un baño; lo cierto es que ni siquiera besarlo pudo. Pobre Maximiliano. Sissi estuvo triste, no por la sangre que no era  habsburguesa sino por desprecio. Nació otra después de dos años y fue la mujer más amada por mi primo y por mí.
 

ADIÓS AL CIGARRO, TANGO

"El último pitillo que sus labios con anhelo me pidieron,

esa vez con la voz de un suspiro que sin humo se fue,

me dejaron sin su boca y sin el cuerpo que en la madrugada  enterré.

Sesenta puchos diarios llenaban sus pulmones y mis deseos

de sus  besos de humo amargo que jamás olvidaré.

Triste la noche aciaga, llena de lluvia y barro de tabaco.

Yo, caminando sobre sus virutas, empachado con tanto humo,

arrastrándome sobre el rastro de sus colillas encendidas,

derramando mi llanto sobre sus ojos muertos enrojecidos  

Amarillos sus dedos en mi boca. Calla, me decían,

mañana serán menos  y menos fueron sus días.

El último pitillo que su boca rígida en un suspiro pidió,

se llevó su vida y con ella la mía que es la que arrastro yo."

 

 

 

lunes, 23 de febrero de 2009

Un buen whisky

Los japoneses, aunque parezca extraño para algunos, tienen un excelente whisky: "Suntory". Es más suave, ligero y aromático que el escocés. Esto me demuestra que es posible trasladar producciones y costumbres, de un lejano lugar a otro remoto, y lograr buenos resultados.
En esta época de "crisis" los lugares más afectados podrían inspirarse en el whisky japonés y ver que se puede "copiar" y mejorar. Todo es cuestión de sacudirse los prejuicios.

lunes, 19 de enero de 2009

POESÍA NÁHUATL (Autor casi desconocido)

Por qué te preocupa

la visión del mañana

que quizá no vas a ver.

Por qué lamentas

el ayer que pasó

y no puedes cambiar.

Llena de dicha el hoy

que todavía conservas

y olvida cuanto te atormenta.

Con ayer no cuentes,

con mañana tampoco.

Lucha, vence, repara y ama

porque sólo hoy es tu día.

HONGOS EN LA HP


No sé lo que quiera decir HP pero me parece que no estoy muy equivocado. De pronto se alocó y a pesar de que el Antivirus me decía que todo estaba bien, la diabólica máquina hacía y deshacía a su antojo. Me dijeron que la reconfigurara usando una fecha anterior y lo hice; que el problema estaba en el Antivirus y lo quité. La misma computadora me dijo que había un problema en el Adobe y lo quité. Todo funcionaba de maravilla hasta que me dijo que mi impresora estaba desconectada. Mi hija me bajó otra versión de Adobe y todo está de nuevo funcionando, después de un montón de horas utilizadas en los cambios. Me han prohibido ahora que abra los FW y RV, menos que los reenvíe, por lo menos hasta que me consigan un Antivirus nuevo. Y ahora sí trato de no molestar en nada a la HP, ni siquiera pienso en lo que pudieran significar esas iniciales. Lo malo es que tenía yo un buen número de fans que se alegraban con lo que les enviaba. Los voy a perder, ni modo. El reenviar era para mí una forma de no perder contacto, de mantenerme dentro de una familia desconocida pero de todas formas familia. No sé cómo voy a reaccionar. Esperaré el nuevo Antivirus y los nobles consejos de los entendidos, que ya me recomiendan que cambie a una MAC. ¿Es posible que los hongos alucinógenos que ahora estudio hayan provocado tanta desdicha? Hace años, durante un viaje por el sur visitando ruinas mayas, me atreví a internarme en la selva (unos diez metros para no perderme) y a burlarme de los espíritus mayas. Me fue como en feria hasta que tres días después les pedí que me perdonaran y sí, me perdonaron, por lo que no se me ha ocurrido burlarme más... hasta ahora que me tomé a broma las creencias de los indígenas del norte. En fin que uno no sabe en lo que creer o no creer... quizá todo sea una mentira, o solamente una realidad virtual, que es lo que ahora está de moda.
 
HP Pavilion no significa lo que por un momento pensé, así que me disculpo, no sea que también esas máquinas tengan algo de mayas.

sábado, 17 de enero de 2009

Mensaje para El Diplomado

Querido El Diplomado

La verdad es que tu no tienes la culpa de lo que dice la carta de la investigadora de la cultura Nahuatl a su amiga, pero, yo quisiera hacer comentarios a la carta.

Eso de que la mayoría del pueblo Nahuatl no tuviera escritura ni manera de comunicarse, ni supiera, ni le interesara saber, ocurrió en todos los pueblos. Aqui en Europa por ejemplo, de los griegos sabios como Aristóteles y todos ellos se sabe bastante, pero el pueblo llano no sabia, ni quería, entre los romanos ocurría lo mismo. Si nos vamos más atrás los egipcios igual, no sabian ni querian saber nada, construían las piramides de sus faraones como borregos. De hecho, todavía no se han terminado de descifrar los enigmas que los antepasados dejaron escritos, ni las tablas del Mar Muerto, ni muchos escritos antiguos porque los que escribían eran pocos, y cuando se murieron si no tenían discipulos, allí se acababa la historia.

Y en cuanto a los nahuatls y esos, creo recordar que ellos tampoco tenían escritura y que sus códices y escritos fuero escritos (valgame la redundancia) por los frailes franciscanos y jesuitas que fueron a catequizarlos y al mismo tiempo a preguntarles por su cultura, así el Popol Vuh y otros códices están escritos de acuerdo a las creencias religiosas y culturales que los religiosos cristianos de la época. Los frailes se hacían amigos de los indios y como no hablaban su idioma entendían lo que creían hablandose a señas y luego lo escribían en alfabeto latino y decían que eran los códices traducidos. Nadie ha dicho que esos códices no son verdad, pero es que no queda nadie para decirlo.

Un koala

P.D: ¿sabias que el koala es un animal australiano? y yo me pregunto ¿que tiene que ver con todo esto?