- Esto es un crimen –me dice mi mujer.
-¿Un crimen? –contesto.
Habíamos llegado a nuestra casa de campo después de ver una película en la ciudad. A mí me pareció infame, a ella le gustó.
Después del cine fuimos a cenar y se hizo de madrugada.
-¿Por qué las matas?
-¿Por qué? Son transmisoras de enfermedades, de bacterias, de muerte en algunos casos.
-No. Las matas porque las odias, porque te dan miedo… en último caso por llevarme la contraria.
-Desvarías –le dije- ves que no las aplasto, no las torturo, simplemente las ahogo.
Discutimos un poco más, nos acostamos e hicimos el amor. Nos olvidamos de las hormigas. Al día siguiente: yo encendí la computadora y ella prendió el fuego.

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