jueves, 15 de julio de 2010

RV: URGENTE LEER DE INMEDIATO!!! virus

Aunque personalmente no creo en esos mensajes, que pienso  son solamente para conseguir direcciones de las que ofrecen quienes no mandan sus copias por CCO, mando éste para las personas que sí creen.

 

LEELO AHORA MISMO Y PASALO A TODO EL MUNDO QUE TU CONOZCAS !!!


ALGUIEN ESTA MANDANDO POR AHI UN CORREO ELECTRONICO CON UNOS ZAPATITOS ROJOS BAILANDO. ES UNA MUSICA BIEN ALEGRE.



En el correo electrónico son ofrecidas mas de mil canciones.



No bajes nada.



*Es el virus Kleneu66!!! *



Si te atreves a abrir el archivo, en DOS HORAS tu Disco Duro estará limpio y completamente destruido.



....MUCHO CUIDADO
!!!.


No descargues ese archivo bajo ninguna circunstancia!..


Este virus entro en circulación ayer y según AOL, NO hay antivirus disponible todavía contra el  Kleneu 66.



Por favor, pasa este mensaje a todas las personas de tu lista de correo electrónico.



Si  recibes el archivo, ya sabes lo que tienes que hacer:




...NO LO BAJES Y NO LO ABRAS
!!!

 

 

 

 

 





 


viernes, 1 de enero de 2010

ESCOBADA

 ESCOBADA

Drago había encontrado el pergamino arrugado y sin fechar en el arcón abandonado en el desván de la casa de su tía Irene, en Desmark, nombre de la ciudad cuando Europa carecía todavía de límites definidos. Tan pronto llegó a mis manos lo leí:

      “Durfina, la princesa, salió  de la casa con su escoba  dispuesta a ganar el concurso que cada año se celebra en nuestra ciudad. El año anterior quedó en segundo lugar y quería, ahora, superarse.

      Fueron alineadas según el orden en que quedaron en la final del anterior desafío. La expectación alcanzó su máximo cuando el conde bajó de la carroza, se dirigió al centro y dio la señal. La primera escobadera se adelantó y dio la primera escobada; surgieron murmullos de aprobación y enseguida el juez de la contienda, ayudado por dos de su equipo, midió con la cuerda de nudos el alcance de la escobada. ¡Veintisiete nudos! Realmente casi imposible de superar. Siguió la segunda y tercera escobada: veintitrés y veinte y cinco nudos. Una media superior a la ganadora del año anterior.   

      Era ahora el turno de Durfina. Con mucho aplomo se plantó en la línea  de salida y levantó con firmeza su escoba. Se hizo un silencio que se escuchó en toda la ciudad: Primera escobada, segunda y tercera: un total de noventa y dos nudos. El clamor que se levantó, se supo después, se oyó hasta en el pueblo vecino… ¡Qué clamor!

      Después de ese triunfo siguieron ocho más, en nuestra ciudad y otras. Durfina la princesa mantuvo el reinado de escobadera hasta que, invitada por los nobles catalanes, fue a concursar a Barcelona, Allí murió, víctima de la peste que cundió en esa ciudad, peste que se conoció después como la peste del  1589.”       

      Me comuniqué de inmediato con Drago para darle las gracias. Simultáneamente mandé la nota a la agencia en la que trabajo Ni decir tiene que el director me felicitó. Al día siguiente la noticia apareció en los periódicos y revistas de todo el mundo. ¡Qué pocas veces se dispone de noticias como ésa: moderna, concisa, enigmática, con mensaje, difícilmente comprensible; sin indicios de futbol, ni de política, ni de modas, ni de estrellas… Una noticia, una verdadera noticia; de las que prefiere y disfruta la inmensa mayoría de la gente actual.

 

miércoles, 30 de diciembre de 2009

UN PROFETA EN ALASKA

Me lo dijeron tres veces y terminé por no hacerles caso. Había conocido a varios profetas alrededor de mi pueblo, pero eso de que también los había en Alaska me sonaba tan raro que dije cuatro veces que no cuando me invitaron a visitarle. Luego me lo pidió mi mujer y fuimos.

      Todavía en Canadá, almorzamos tostadas de gamba, soufflé de almejas y ternera en salsa demiglás. Como bebida un Château Latour 1929. Para cenar: canapés de salmón, cordero asado y tarta de moras, con un Mouton Rothschild de 1961.

      Cuando, al día siguiente, mi mujer me despertó para seguir viaje hacia Alaska, le dije que no, que se fuera sola. Con las comidas del día anterior, era una tontería dejar aquel lugar. Pero mi mujer me lo pidió y fuimos.

      Cuando llegamos a Cicely yo ya tenía hambre. Los habitantes de Cicely comen, en general, todo lo que la naturaleza pone a su alcance: salmones y truchas, alces y caribús, gran variedad de aves, frutos y raíces del bosque, etc. En ese tiempo, incluso filetes de un mamut congelado, perfectamente conservado, encontrado en las cercanías de Cicely.

      Llegamos, por fin, al iglú del profeta. Nos dio a comer tocino de oso e hígado de foca crudo, mientras él  se zampaba el jabón de tocador que mi mujer llevaba en su maletín.

      A los dos días de comer exquisiteces como las anteriores, el profeta habló. Le profetizó a mi mujer que un oso blanco se la comería y su alma iría a disfrutar en el paraíso de los viejos muertos.  Tonterías pensamos y mi mujer me pidió que regresáramos cuanto antes a nuestro tranquilo y cálido hogar. Tomamos un pequeño avión con esquíes en lugar de ruedas. No supimos el porqué pero el avión tuvo que hielizar en un lugar inhóspito donde nos quedamos hasta que otro avión vino a rescatarnos. Y fue allí, en ese lugar inhóspito, donde un oso blanco se comió a mi mujer; se le ocurrió, seguramente por vergüenza, salir del avión y el oso se la comió.

      Ahora sí creo en los profetas de Alaska. Cada año regreso a Cicely, me como un filete de mamut y me bebo una botella de vino, como recuerdo de mi mujer y como agradecimiento por haberme llevado allí. Al profeta no voy a verlo; le reconozco su sabiduría ancestral, su fatalismo y su capacidad de adaptación a las costumbres de su raza, pero no voy a verlo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

miércoles, 2 de diciembre de 2009

LAS CRISIS

Tuve que recordarle a Isidro que mi filósofo sabio había llegado de Samos, que era griego, que yo lo  había encontrado en una taberna y que  se había retirado a vivir en un lugar tranquilo cercano a la ciudad.           

      -¿Le preguntaste sobre la crisis? –interrumpió Isidro.

      Sí,  yo le había preguntado sobre la crisis mientras comíamos aceitunas negras y él me pasaba de vez en cuando su bota de vino casi rojo. Así quiso explicarme:

      -La palabra crisis viene del latín y antes del griego.

      -¿Los griegos conocían ya la crisis? – me preguntó Isidro.

      También se lo pregunté al de Samos y así me lo aclaró:

      -Los espartanos, los atenienses y antes los persas y también mucho antes Adán y Eva conocían el significado del término que en la lengua de Eva debía sonar tentador - tomó la penúltima aceituna del plato color azul mediterráneo- Ahora hablamos de crisis pudiendo significar varias cosas. La acepción que más me gusta es: “Juicio que se hace de una cosa después de haberla examinado cuidadosamente”. Se aparta un poco de la idea de escasez y carestía que le suelen dar los periódicos hoy en día, pero me resulta más satisfactoria, menos engañosa.

      Otra vez me interrumpió Isidro que me miraba con ojos extrañados.

      -¿Eso dicen los filósofos griegos? Nunca lo hubiera pensado.

      -Los filósofos griegos y todos los filósofos cabales piensan cosas que ninguno de nosotros piensa –le dije ya un poco molesto por sus interrupciones- Te diré, si me dejas, lo que yo fui capaz de entender del discurso de mi amigo, ¿me aguantas hasta que termine?

      Isidro fijó su vista en el techo y empezó a silbar. Entonces cometí un error imperdonable: lo empujé y él cayó de la silla hacia atrás manchando el piso de sangre, de la sangre que brotaba de la parte posterior de su cabeza.

      Isidro no se recuperó hasta la tarde del segundo día de hospital. Lo primero que preguntó, cuando pudo abrir los ojos, fue: “Ha pasado ya la crisis” ¿La crisis?, dije yo extrañado. Y el doctor quiso aclarármelo, Se refiere a si ya pasó lo peor, Usted qué opina, le pregunté. Aparte de quedar ciego de un ojo, pienso que en un par de semanas podrá caminar, un poco chuequito pero podrá. Es usted su hermano, me preguntó el médico, Sólo un amigo. Pues explíqueselo de forma suave para que no caiga en una crisis psicológica peor.

      Por fortuna Isidro, al cabo de un año, pudo ver y andar derecho. Como suele suceder, el médico de hospital público había errado su diagnóstico, probablemente porque no le dedicó ni suficiente tiempo ni demasiada atención, pero el caso es que Isidro se recuperó y yo pude superar la crisis existencial que experimenté durante todo aquel año.

      Han transcurrido cinco años y todavía no paro de reír cuando recuerdo  y visito a mi amigo el filósofo griego quien también se parte de la risa mientras seguimos comiendo aceitunas negras y tomando el vino casi rojo que a borbotones mana de la bota de cuero… Lo que provocan las crisis actuales…

      No paré de reír hasta que ya tarde llegué a mi casa medio borracho… una crisis de risa.  

     

 

domingo, 20 de septiembre de 2009

DENONADA

-Dime, Mario ¿por qué dices que Rosa es una denodada?

-¿Sabes lo que significa denodada?

-Supongo que la que se denoda.

-Exacto. Te voy a contar lo que hizo cuando bajaba del avión.

-No me digas que se denodó.

-Exacto. Frente a todos los viajeros se denodó diciéndole al Capitán que ella volvería para viajar con él hasta el fin del mundo.

-¿Denodada?

-¿Cómo denodada?

-Dijiste que se denodó ¿no?  Frente a todo el mundo, frente al Capitán.

Mario tuvo  que explicarme el significado de denonada, de denodarse. Luego me mandó un diccionario como regalo, seguramente para que me se diera cuenta de que también él era denodado, que siempre lo había sido desde que nos conocimos.

Han pasado cinco meses y lo leo en el periódico: “ Mario Garrido y Rosa Bonet reconocidos entre los escombros del desastre”.  Yo sabia que ninguno de los dos estaba de acuerdo con lo que  sucedía en el País, pero lo que no sabía es que estuvieran dispuestos a volar un avión, a ser terroristas, en una palabra, a ser tan denonados.

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miércoles, 16 de septiembre de 2009

FW: REINO ANIMAL

 

Las fotos muy bonitas, los dichos muy “sudados”; me pregunto si también aplican a los insectos, microbios, bacterias, virus… ¿Qué no somos animales carnívoros, depredadores? Al igual que los otros animales, el hombre mata por necesidad. Cómo hacer para evitar esas necesidades: de hambre, de venganza, de justicia, de poder. He ahí el problema… Quizás la solución es dejar de ser hombres ¿??  

martes, 15 de septiembre de 2009

PEJERREY

“… recuerda ir desempolvando tu boyita pues la temporada de pejerrey 2009 se viene con todo. Avisa tu llegada. Nos embarcaremos en mi nuevo Dufour de 12 metros con servicio completo: equipo, comida y bebidas. Lo de la boyita es una broma. Chiao. Alberto. PD Lulú nos acompañará, se me había olvidado decirte.”

Aparté la lista de pendientes y me comuniqué con mi Agencia de viajes.  Antes de dejar la oficina, ya le había contestado.

Alberto es un primo lejano que conocí  en 1999 durante mi primer viaje a la Argentina. Desde entonces he vuelto dos veces más y en mis tres estancias pescamos juntos en el Río de la Plata. Alberto es rico y siempre vive rodeado de lindas mujeres que lo aprecian por lo que tiene y por lo que ofrece, además canta tangos.

No me acordaba de ninguna Lulú, incluso llegué a pensar si no se trataría de una mascota, de algún animal que hubiera yo conocido anteriormente. Me acordaba, sí, de Lourdes pero no podía ser la misma. .

En el aeropuerto me esperaba el chofer. Alberto estaba demorado por una junta. Cuando llegamos a la casa, me instalaron en lo que sería mi habitación durante los diez días que pensaba quedarme en Baires.

Pensé que lo mejor sería afeitarme, tomar un baño y cambiarme de ropa. Al salir de la tina una gran toalla azul me envolvió todo el cuerpo y una boca ansiosa se prendió a la mía. Sobre la cama rodamos juntos un buen rato. No lo podía creer, pero ahora que han pasado ocho años me queda más claro.

En mi primera visita, en 1999, pescamos muchos pejerreyes, uno casi  de 15 centímetros de largo, plateado y reluciente. Alberto andaba entonces con Jennifer, una americana que llegó al barco acompañada por Lourdes. Se habían conocido en una universidad gringa y Lourdes la había invitado  ahora a pasar unas vacaciones con ella. No voy a dar detalles pero desde el primer momento me enamoré estúpidamente, nos enamoramos, Lourdes y yo. Excepto por el pejerrey grande y que Alberto pescó mucho, sólo recuerdo que pasamos los tres días de pesca bañándonos y secándonos, yo apenas acordándome de Flora, mi mujer andaluza que no solía acompañarme cuando yo salía de viaje. Durante dos años no habíamos podido tener un varón y ella decía que era mi culpa, cosa que consulté  por teléfono con un hermano suyo médico que residía en Cádiz  y que ahora pienso que  me engañaba.

Cuando Alberto llegó ya Lourdes y yo lo esperábamos en la sala. Nos abrazamos, ella nos preparó dos tragos y Alberto se disculpó por su tardanza. Luego me dijo:

      --¿Te acordaste de Lulú? Ella me apostó a que no, a que no te acordarías de aquella pesca, hace ocho años.

      --Pues…

      --Sí se acordó –interrumpió Lourdes- se acordó muy bien.

      --Pues lo que son las cosas –dijo Alberto- Lulú es ahora mi mujer.

No puedo imaginar la cara que puse, el caso es que mi amigo sintió la necesidad de explicarme.

      --Nos encontramos de nuevo hace menos de un año, me preguntó por ti, salimos a pescar y nos casamos. Ella se había divorciado de un arquitecto con el que tuvo un hijo que vive con nosotros. Y ¿qué crees? Se llama igual que tú, Victorio.

      --Acaba de cumplir nueve  años –dijo Lourdes sonriéndome.

Al día siguiente nos embarcamos en el Dufour de 12 metros y empezamos a pescar pejerreyes. Alberto pescó muchos y cantó infinidad de tangos. Al regreso inventé una excusa y adelanté mi regreso, estaba exhausto.

Flora no estaba en casa. Pensando que yo todavía tardaría en llegar de Baires, aprovechó para ir a ver a su hermano y dejó una dirección con nuestra vecina de confianza. Como me sobraba tiempo, compré un boleto de Iberia y me fui a España, pensé que debía sorprenderla y agasajarla para limpiar mi conciencia. Se sorprendió mucho cuando la encontré en Cádiz,  me dijo que nunca se había imaginado que fuera a su encuentro. 

Estamos en nuestro hogar y seguimos sin tener ningún varón. Tenemos  hijas, sí, tenemos cuatro, pero ningún varón. Por respeto a ellas ni Flora les ha contado su “affaire” gaditano ni tampoco yo mi aventura argentina. Lo que sí le dije a Flora es lo del hijo de Lourdes, cuando ella me confesó que el médico no era su hermano. 

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