miércoles, 2 de diciembre de 2009

LAS CRISIS

Tuve que recordarle a Isidro que mi filósofo sabio había llegado de Samos, que era griego, que yo lo  había encontrado en una taberna y que  se había retirado a vivir en un lugar tranquilo cercano a la ciudad.           

      -¿Le preguntaste sobre la crisis? –interrumpió Isidro.

      Sí,  yo le había preguntado sobre la crisis mientras comíamos aceitunas negras y él me pasaba de vez en cuando su bota de vino casi rojo. Así quiso explicarme:

      -La palabra crisis viene del latín y antes del griego.

      -¿Los griegos conocían ya la crisis? – me preguntó Isidro.

      También se lo pregunté al de Samos y así me lo aclaró:

      -Los espartanos, los atenienses y antes los persas y también mucho antes Adán y Eva conocían el significado del término que en la lengua de Eva debía sonar tentador - tomó la penúltima aceituna del plato color azul mediterráneo- Ahora hablamos de crisis pudiendo significar varias cosas. La acepción que más me gusta es: “Juicio que se hace de una cosa después de haberla examinado cuidadosamente”. Se aparta un poco de la idea de escasez y carestía que le suelen dar los periódicos hoy en día, pero me resulta más satisfactoria, menos engañosa.

      Otra vez me interrumpió Isidro que me miraba con ojos extrañados.

      -¿Eso dicen los filósofos griegos? Nunca lo hubiera pensado.

      -Los filósofos griegos y todos los filósofos cabales piensan cosas que ninguno de nosotros piensa –le dije ya un poco molesto por sus interrupciones- Te diré, si me dejas, lo que yo fui capaz de entender del discurso de mi amigo, ¿me aguantas hasta que termine?

      Isidro fijó su vista en el techo y empezó a silbar. Entonces cometí un error imperdonable: lo empujé y él cayó de la silla hacia atrás manchando el piso de sangre, de la sangre que brotaba de la parte posterior de su cabeza.

      Isidro no se recuperó hasta la tarde del segundo día de hospital. Lo primero que preguntó, cuando pudo abrir los ojos, fue: “Ha pasado ya la crisis” ¿La crisis?, dije yo extrañado. Y el doctor quiso aclarármelo, Se refiere a si ya pasó lo peor, Usted qué opina, le pregunté. Aparte de quedar ciego de un ojo, pienso que en un par de semanas podrá caminar, un poco chuequito pero podrá. Es usted su hermano, me preguntó el médico, Sólo un amigo. Pues explíqueselo de forma suave para que no caiga en una crisis psicológica peor.

      Por fortuna Isidro, al cabo de un año, pudo ver y andar derecho. Como suele suceder, el médico de hospital público había errado su diagnóstico, probablemente porque no le dedicó ni suficiente tiempo ni demasiada atención, pero el caso es que Isidro se recuperó y yo pude superar la crisis existencial que experimenté durante todo aquel año.

      Han transcurrido cinco años y todavía no paro de reír cuando recuerdo  y visito a mi amigo el filósofo griego quien también se parte de la risa mientras seguimos comiendo aceitunas negras y tomando el vino casi rojo que a borbotones mana de la bota de cuero… Lo que provocan las crisis actuales…

      No paré de reír hasta que ya tarde llegué a mi casa medio borracho… una crisis de risa.  

     

 

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