Lo presencié cuando habíamos dejado atrás la Cibeles y subíamos hacia Alcalá, por la acera de la izquierda. Un niño y su joven madre, o quizá tía, de la mano. Felices de estar juntos. Mirándose. Ella le preguntaba con humor, y él respondía contento.
Durante los días que siguieron, y los que vendrán, ¿recordará él esa tarde como el tesoro que fue?
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario