Cuando la Luna llega al quinto día Margarita se baña. Diecinueve años repitiendo lo mismo, desde que su madre la tuvo, desde el primer día que la lavó. Y es que así lo dispuso aquel hombre, en la feria, el día anterior al parto de la niña. Se lo dijo a su madre: La bañarás cada vez que la Luna llegue al quinto día.
Ha muerto su madre y también el hombre de la feria.
Margarita está desnuda: han florecido sus pechos y la flor que guarda entre las piernas está por explotar. Hace viento esta tarde y el agua de la cascada la moja. Cuando el joven pasa, ella le dice que va a quintar. No saben lo que significa: ella porque no se lo explicó su madre, él porque nunca lo escuchó. Por primera vez Margarita no ha quintado: sus pezones se han endurecido y siente abrirse la flor. Mi nombre es Ernesto le ha dicho el joven.
Le pusieron de nombre Margarita y la bañan, siempre, cuando la Luna llega al quinto día.